lunes, 1 de noviembre de 2010

Homebound

10 meses de viaje, miles de kilómetros, aviones, trenes, barcos, coches, buses, motos y carros. Playas, selvas, montañas, fiordos, glaciares, cañones,  islas, cuevas, ciudades, pueblos, aldeas, templos, pagodas, iglesias, lagos, ríos y mares, lo he visto casi todo, lo he probado casi todo y estoy que ya no sé si las gheisas se pasean por la pampa, si las capoeiras se bailan en Camboya, o si el stinky tofu se come en Nueva Zelanda, señal inequívoca de que es hora de volver a casa. Pero qué buena idea haber escrito este blog para recordarlo (gracias a los que me lo pedistéis).
Cuando comencé este viaje, lo hice con muchas ganas e ilusión, iba a cumplir un sueño, pero también era un reto, dar la vuelta al mundo sin otra compañía que la de mi mochila.
Aunque estar solo en un viaje como este, es en realidad, casi imposible. Es muy fácil establecer contacto con alguien, sobre todo si ese alguien lleva, como una, una mochila a la espalda.  Puedes conocer a alguien en un trayecto de autobús, y a  las pocas horas estar reservando habitación juntos en un hotel, o yendo a cenar a algún sitio escondido al que seguramente sola nunca habrías llegado.
Echando la vista atrás, una se reafirma en su teoría de que lo mejor de viajar, no son los sitios que se visitan, y lo que se aprende del país que se esté visitando en ese momento, sino las personas que te encuentras por el camino, y lo que aprendes de ellas y de sus propios países aunque no los visites.
Creo que la gente que viaja tiene una visión mucho más amplia y rica del mundo.
Conoces gente que en una vida rutinaria y ordenada sería imposible conocer. Gente a la que nunca conocerías en el pub del barrio, y que decir de hacerlo sentada en una oficina delante de un ordenador!  o quién entabla una conversación en el bus o en el metro de Londres o Madrid de camino al trabajo, sin peligro de que te encierren por loca?
Estos encuentros, por breves que sean, te regalan , nuevas formas de mirar el mundo, y los cientos de maneras que hay de entender y vivir la vida, te enseña que hay gente dispuesta a ser feliz, y gente que se empeña en no serlo.
El resultado de todo esto, es que unas personas se encuentran a sí mismas, otras encuentran amistades, otras felicidad, amor o equilibrio, lo que confirma que estos estados del espíritu no son dones con los que hemos sido agraciados o bendecidos, sino que son el resultado de una búsqueda personal, que unos se atreven a realizar y otros no.
Alguien dijo que un viaje se mide mejor por la gente que se conoce, que por las millas que se recorren. Yo he tenido la suerte de cruzarme con Raquel, Laura, Julio, Fabián o Sarah, entre otros, que ahora forman parte de mi presente.
La mayoría sin embargo, pasan como un suspiro por la vida de una. Hay para todos los gustos, desde los mochileros con "glamourometro" particular, con sus pantalones, camisetas y sudaderas de The North Face y Kathmandú, perfectamente desaliñados, hasta los hippies, con sus tops de croché, y alguna que otra rasta, pasando por los espirituales buscando saciar sus vacíos del alma, o los que emprenden un viaje largo en busca de algo que, cuando lo encuentren, sabrán que era.
Por supuesto que no hace falta dar la vuelta al mundo. Hay gente a la que, lo de viajar, no les despierta la menor curiosidad, y prefieren otro tipo de actividad para "desengrasar" la grasa acumulada con los años.  Pero en caso de que alguien se anime a hacer algo como dar la vuelta al mundo, ni que decir tiene que yo lo recomiendo, que no crea que todo son días de sol y risas. Aunque por suerte, lo son la mayoría, habrá días de "quiencoñomemanda...." como yo los he tenido. Aunque suene a tontería, actividades diarias, en las que normalmente no tenemos que pensar, como dónde comer o dormir, en un viaje de estos, se convierten a veces, en algo agotador. 
Ya no tengo mucho más que contaros. Vuelvo a casa un poco antes de lo previsto. Las oraciones de mi madre al ángel de la Guarda para que me canse, parecen haber funcionado. Además hay cosas que quiero hacer, y sobre todo amigos a los que visitar antes de ir a casa en Diciembre. Ahora toca pasar por Londres, Bilbao, Vitoria, Madrid y Baena antes de ir a Belalcázar, y no tengo ganas de ir con prisas, ni de dejarme nada en el tintero. Pero sobre esto no pienso escribir:-) así que mucho me temo que esta será la última entrada en un tiempo, o quizá no, quien sabe? hagan sus apuestas.