Decía José Hierro:
"Somos aves de paso,
nubes altas de estío,
vagabundos eternos"
De los muchos caminos que hay para llegar a Santiago (tantos como peregrinos dicen), todos parecen enganchar al que los transita, prueba de ello es que la mayoría de los peregrinos que he conocido iban por el tercer o cuarto camino, cuando no por el septimo u octavo. Yo solo os puedo hablar de uno, o de parte de él, el camino primitivo, de Oviedo a Santiago, pasando entre otros por Grado, Salas, Tineo, Borres, y Grandas de Salime, y que el mismísimo Alfonso II "El Casto" recorrió antaño, coronándose como el primer peregrino jacobeo conocido.
En las dos o tres últimas etapas, el camino primitivo se une con el francés, que al parecer en los meses de verano, ha pasado de ser un peregrinaje a una carrera contrareloj para ver quien llega primero y poder así acceder a una de las camas de los baratos albergues. Los precios varían de 2 a 10 euros aprox. en algunos te piden la voluntad, como en el bonito albergue de Bodenaya, en el que Alejandro, que haciendo el camino, decidió dejar su profesión de taxista en Madrid para levantar un albergue y dedicarse a cuidar a los peregrinos que pasamos por allí.
Empiezo en la bonita ciudad de Oviedo, donde a primera hora de la mañana, acudo a la catedral a hacerme con la credencial del peregrino, imprescindible para poder alojarte en los albergues, y para demostrar a los que ninguna fe tienen en una, que realmente he peregrinado por esos caminos de Dios:-)
"Asturias, paraíso natural", reza el eslogan, y razón no les falta, espacios naturales protegidos, hermosos escenarios de montañas y valles, monasterios, iglesias, puentes y ermitas que van de los siglos XII al XVIII, y que los Asturianos han sabido cuidar, y a menudo restaurar, hacen del camino un regalo para los amantes de la naturaleza y del arte, y por supuesto para los del buen comer.
He curioseado muchos blogs sobre el camino, he leído entradas al azar, una aquí y otra allá, y no he tenido mucha suerte con ellos. La mayoría resultan aburridos si los lee un desconocido, algunos ni aunque los lea la madre que parió al que los suscribe hay por donde cogerlos. Casi todos cuentan etapa por etapa, a quien conoció el autor, y qué hizo durante el día, que no viene a ser otra cosa, que caminar. Describir cada montaña, ermita, albergue, vaca y brizna de hierba del camino, resulta tedioso, aburrido, y nada interesante.
Una de las cosas buenas del camino, es que en nada se diferencia un peregrino de otro. Claro está que no hay dos personas iguales, pero en el camino, no hay ni ricos ni pobres, ni eruditos ni analfabetos, ni listos ni torpes, a todos nos duelen los pies, a todos nos salen ampollas, y cada uno lleva su cruz a cuestas.
Yo he disfrutado de los días que he caminado, he tenido la suerte de que casi todos los días me ha acompañado el buen tiempo, una vez más, empecé sola el viaje, y no he estado sola ningún día, aunque sí largos momentos del camino, porque todo el mundo tiene distinto ritmo, pero al final del día todos nos terminamos encontrando. A los que no lo hayáis hecho nunca y queráis hacerlo, si no estáis bien entrenados, quizá el camino primitivo sea demasiado duro, a mí se me empezaba a hacer un via crucis, y bien está peregrinar, pero flagelarse porque sí, pues tampoco es algo que yo encuentre necesario.
No os puedo contar mucho más, cada persona lo vive de una manera distinta. Yo no puedo decir que me haya aportado gran cosa, pero me alegro de haberlo hecho, y sobre todo, he saciado mi curiosidad, y me he quitado la espinita esa de hacer el camino, que no se porqué, tenía clavada.