viernes, 17 de septiembre de 2010

Vietnam - Recuerdos del pasado

Hue, transitada por el río Perfume, esconde en sus entrañas la ciudad púrpura prohibida que los franceses dejaron en su legado, y de la que Hue ahora se vanagloria. De nuevo sin fuerzas por el terrible calor, alquilamos un ciclotaxi con el que recorrimos la enorme ciudadela, descubriendo palacetes, templos, estanques y jardines. Aunque a decir verdad, si tuviera que saltarme algo del itinerario, sería precisamente este lugar. El segundo día contratamos a dos vietnamitas con moto para recorrer zonas alejadas de la ciudad, a las que de otra forma, nunca hubiesemos llegado, como por ejemplo la zona de bunkers americanos durante la guerra de Vietnam, y donde mi conductor OJO AL DATO!! me pidió en santo matrimonio.
 Los testigos, como no podía ser de otra forma, María Bella y su motorista.
Después de Hue, seguimos bajando la costa hasta Hoi An, un viejo puerto comercial que se ha convertido en uno de los principales atractivos turísticos de Vietnam. Casas de mercaderes, pabellones chinos, caserones que se han convertido en galerías de arte, sastrerías, restaurantes y tiendas en el peatonal centro de la ciudad, hacen de Hoi An el puerto antiguo mejor conservado del sudeste asiático, nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999, y parada obligatoria si venís por aquí.
Una de las actividades más demandada en Hoi An, si no la más, es hacerse ropa a medida. Cientos de catálogos a disposición del cliente, o cualquier modelo que el cliente desee hacerse y no esté en los catálogos (basta con una foto), será confeccionado en el tiempo record de 24 horas, menos si en la primera prueba lo clavan. Yo que sigo en mis trece de no comprar nada, aunque estuve tentada, logré sobreponerme. María Bella en cambio, que estaba esperando llegar a Hoi An para precisamente hacerse ropa a medida, salió de la tienda con dos abrigos y dos vestidos por 99 euros. Al anochecer, farolillos de colores magistralmente colocados, iluminan las calles de Hoi An que parece como sacada de un cuento.

Más abajo de Hoi An, se encuentra Nha Trang, con magníficas críticas en las guías por sus maravillosas playas, pero o nos equivocamos de pueblo, o la Lonely Planet se columpió en su descripción. Fue más bien un día perdido, pero al día siguiente a primera hora partimos hacia Dalat, la ciudad de la eterna primavera, con su tesoro de mansiones, palacetes y edificios art-deco, y donde por primera vez tuvimos que ponernos manga larga para ir en moto. Maravillosa excursión por los alrededores de Dalat, cascadas, fábricas de seda, granjas de champiñones y de grillos, donde además de verlos, los comimos. Lo que una vez más demuestra que para disfrutar de estos países en todos los términos, hay que dejarse los escrúpulos occidentales en casa. Por cierto, bien ricos, y bien caros, a 20 dólares americanos el kilo, que en Vietnam es un dineral.
Una de las visitas que más nos gustó fue el mercado de Dalat, de los mejores que  hemos visto. Coloridos puestos de verduras y sobre todo de fruta le dan vida al mercado, en el que se puede encontrar de casi todo. Frutas para nosotros desconocidas como lichis, longan, rambután, mangostán, fruta del dragón o el maloliente durian, que yo casi vomito al probar, y que a María Bella le encantó, llenan los puestos.
Los puestos callejeros de comida, aunque la mayoría de apariencia dudosa, ofrecen suculentos y exóticos platos en perfecto estado a precios de ganga. También hay para los más tiquismiquis, algunas de las especialidades de Dalat son la mermelada de fresa, el vino y el helado de aguacate.
Llegamos a la ciudad de Ho Chi Minh, que para muchos siempre será Saigón. Hordas de motos, con asientos de Louis Vuitton y cascos de Versace y Gucci, que se lanzan en busca de huecos por los que salir cuanto antes de ese tráfico infernal, se ha convertido en una de las imágenes más típicas de la ciudad. Otra ciudad que hay que visitar y vivir para entender. A mi personalmente me ha fascinado, a María Bella también. Muy distinta a Hanoi, más viva y dinámica, es el corazón de las actividades empresariales y financieras del país.
En Saigón es inevitable hablar de la guerra de Vietnam, sobre todo porque los principales atractivos turísticos se encargan de que así sea.
Empezamos por visitar uno de los lugares más representativos de aquel sangriento conflicto que enfrentó a los dos Vietnams. Por un lado, el del sur apoyado por EE.UU. , y por otro el del norte apoyado por el Viet cong, y que quedó marcado a fuego en la moral y en la conciencia del pueblo americano, por las vidas que se perdieron,  y por ser uno de los mayores fracasos militares de su historia. Debió ser muy duro para un país acostumbrado a dominar el mundo, que una pandilla de vietnamitas armados les robaran la victoria. Por cierto, que aunque no sé muy bien si viene a cuento, uno de los memoriales que más me han impresionado, fue el de la guerra de Vietnam en Washington DC.
A lo que iba, que me desvío, estoy hablando de los túneles Cu Chi, por los que los soldados del Vietcong se arrastraron durante años. Más de 200 km de túneles claustrofóbicos e inhumanos que llegan hasta Camboya. Es fácil imaginarse aquel infierno cuando una está metida dentro de los túneles, e imposible entender como el ser humano puede permitir, no digamos soportar algo así.

Tambien en Saigón, dejó montones de recuerdos, que se encargan de exhibir en uno de los museos más visitados, el "Museo de Recuerdos de la Guerra" que bien se podía llamar Museo de los Horrores por lo que alberga en su interior. Es uno de los pocos lugares en los que mirar la guerra desde el lado vietnamita, el americano ya se han encargado de contarnoslo directores como Coppola, Stone o Brian de Palma, por mencionar algunos en innumerables películas como Apocalypse Now, Platoon, Nacido el 4 de Julio, o una de mis favoritas El Cazador, con el maravilloso Robert de Niro liderando el reparto.
En el interior del museo, paredes repletas de fotografías tomadas por 134 reporteros de guerra de 11 nacionalidades distintas, que cayeron durante el conflicto. Vestigios de crímenes de guerra y sus consecuencias, métodos de encarcelamiento y torturas. Recuerdos de una guerra que sigue hurgando en la memoria de los que la padecieron,  ya que las armas químicas utilizadas por los americanos como el Napalm, siguieron durante años, cobrándose víctimas. Las terribles secuelas sufridas por civiles que aún no habían nacido, siguen presentes en las vidas de muchos vietnamitas. Pero esta guerra, no es distinta del resto de guerras, miles de inocentes que pierden la vida y otros que quedan marcados para siempre, es el precio que se paga en todas y cada una de ellas.
Una de las imagenes más terribles del museo, son tres fetos, uno de ellos con un labio leporino enorme, y que tuve el mal gusto de fotografiar.
Entre visita y visita, cortas paradas para retomar fuerzas con el delicioso cafe vietnamita cortado con leche condensada. 

Para terminar os contaré que estamos teniendo una suerte tremenda con el tiempo, aunque pasando un calor sofocante, pero es mejor que el agua, que nos está tratando de maravilla, aún estando en plena temporada de lluvias. Además al parecer los meses de junio y septiembre son los más tranquilos, porque no me quiero ni imaginar lo que tiene que ser un mes de agosto aquí. Por cierto que los vietnamitas ni instituto de metereología ni mapas de isobaras que valgan, nada como observar a las libélulas para predecir el tiempo. Cuanto más alto vuelan, más soleado será el día. Si bajan, saquen las katiuskas.
Aún me queda que hablaros del maravilloso Delta del Mekong, pero eso lo dejaré para la siguiente entrada de Camboya, ya que llegamos a ese país en barco navegando por ese delta que tantas bocas alimenta.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Sorprendente Vietnam

Afortunadamente cuando uno escucha mencionar Vietnam, ya no se nos viene a la cabeza sólo la palabra guerra, sino imágenes de un país de extraordinaria belleza, una gastronomía deliciosa, y un pueblo tremendamente amable. Las omnipresentes montañas, pueblos preciosos, típicos mercados de Asia y ríos por los que navegar parecen salidos de un cuento, de un país de fábula.


Las diferencias entre norte y sur, probablemente se dejen notar más en este país, que en ningún otro. Desde el paralelo 17, que fue la línea de demarcación militar provisional establecida por la conferencia de Ginebra, que consagró la partición de Vietnam en dos, todo en los dos "Vietnams" es distinto, desde el idioma hasta la comida, pasando por el clima y por supuesto las diferencias políticas.

Vietnam, es por otro lado, el segundo mayor exportador del mundo se arroz despues de Tailandia, y de cafe despues de Brasil.

"Hoc an, hoc noi" Aprender a comer antes que a hablar. Así expresan los Vietnamitas su pasión por la cocina, y por ello la gastronomía vietnamita es uno de los grandes placeres de los que disfrutar en este magnífico país.

Entre los más de 500 platos de que dispone la cocina vietnamita, que casi todos acompañan con Bia Hoi (cerveza elaborada en Vietnam), están los rollitos de primavera, que tienen mil variedades, de las que cada puesto callejero se especializa en una, así que hay que hacer todo un via crucis por las calles del barrio antiguo de Hanoi para probrarlos todo, y una vez que los pruebas todos, una no sabe con cual quedarse.

Luego hay otro tipo de delicatessen como gusanos, tarántulas y serpiente para los más osados. Yo estoy deseando probar la serpiente, con los otros dos no me voy a atrever. Otra cosa típica de Vietnam es el vino de serpiente. Consiste en vino de arroz con una serpiente sumergida en su interior y que dicen, cura desde la ceguera nocturna hasta la impotencia.

El 27 de agosto mi vuelo de Vietnam Airlines aterriza en el aeropuerto de Noi Bai, el 28 lo hace el de María Bella, y sin tiempo que perder nos echamos a la calle a descubrir un país que las dos nos moríamos por conocer.

En Hanoi, bajo un calor y una humedad insoportables, empezamos nuestro recorrido por el lago Hoan Kien, cuyo extremo norte roza el Barrio Viejo y cuyo extremo sur nos lleva hasta el Barrio Frances. A lo largo del lago, un florido paseo da cobijo a ciudadanos practicando tai-chi, a vendedores ambulantes, parejas de novios, curiosos y a todos los turistas que visitamos la ciudad.

Llegamos a la joya más preciada de Hanoi, su maravilloso Barrio Antiguo o Barrio Viejo, con su arquitectura colonial francesa, lagos, museos, teatros de marionetas, que hacen de ella una ciudad cautivadora. Sus estrechas y laberínticas calles llenas de tenderetes y tiendas en las que comprar desde seda hasta hierbas medicinales, pasando por artículos de material de oficina y fontanería, instrumentos musicales, mochilas de The North Face, y muchos otros productos, y en las que el regateo se ha convertido en un arte.

Unas calles más estrechas que otras, pero las construcciones que las flanquean son en todas, estrechas casas de 2 pisos de altura (lo primero para evitar pagar impuestos de la fachada exterior, y lo segundo por respeto al rey, no podían ser más altas que el palacio real), junto a caserones decadentes que dejan ver lo que esta ciudad debió de ser en su día.
Coches de lujo, que parecen estar fuera de contexto, como si estuviesen en una ciudad que no les corresponden, adelantan sin miramientos a carros, bicis y el enjambre de miles y miles de motos que circulan por toda la ciudad. El tráfico caótico como era de esperar, y cruzar la calle un arte que no te queda más remedio que aprender.

Aunque despues de la Segunda Guerra Mundial, Hanoi tardó 50 años en despertar de un largo letargo, lo hizo para convertirse en una de las ciudades más carismáticas del Sudeste Asiático.
Los viejos teatros de la ciudad se llenan de curiosos deseosos de ver las marionetas de agua. Un espectáculo milenario, que parodia el folclore y la historia de Vietnam, y cuyos protagonistas son marionetas talladas en madera, y lacadas y pintadas de colores, que hacen su espectáculo sobre el agua mediante un sistema de cañas de bambú y poleas sumergidas que controlan los movimientos.

Dejamos Hanoi para visitar la Bahía de Halong. En todo este tiempo, os he ido contando sobre los paisajes majestuosos, impresionantes, e inigualables que he visto en montones de países como Nueva Zelanda o Argentina; bien, creo que todos han sido superados por la Bahía de Halong. Casi 2000 islas de todos los tamaños, todas majestuosas, emergen del agua como gigantescos vigías recibiendo a los cientos de barcos cargados de turistas que vienen a ver uno de los paisajes más imponentes del mundo. Las cámaras no dejan de disparar, y muchos ni siquiera pueden creer lo que están viendo. 434km2 de la bahía han sido declarados Patimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

Junto con Mark y Ronan, dos profesores de ingles irlandeses que viven en Corea, y otro grupo de personas de varias nacionalidades pasamos dos días muy divertidos en el barco, mientras no podíamos dejar observar semejante escenario hasta llegar a la isla de Cat Bat, donde sin estar avisadas con anterioridad, casi nos dejamos la vida escalando un monte para el que no llevábamos, ni el calzado, ni la ropa, ni los kilos de repelente de mosquitos que se necesitan para semejante aventura. Y si no que se lo digan a la pierna y traseros de Maria Bella, que estuvo con dos moratones enormes durante dos semanas. 

Llamaba la atención que las mujeres se cubren el rostro por completo con mascarillas y gafas de sol; incluso guantes, y por supuesto el resto del cuerpo cubierto para evitar que les de el sol y ponerse morenas, ya que al contrario que la piel morena, la piel blanca es para ellos hermosa, digna de elogios y alabanzas.

Vuelta a Hanoi para tomar un tren nocturno a Sa Pa, en el norte del país. Escondida entre montañas, está una de las ciudades con las minorias etnicas más pintorescas de Vietnam. Se ha convertido en un lugar tan popular que todo ha terminado corrompiendose. En el momento en que dejan de ver personas, para empezar a ver dólares, todo se va al garete.
Alquilamos dos motos, esta vez con conductor, ya que la policia en Sa Pa no es amiga de que los turistas conduzcan, debido a varios accidentes de descerebrados que se dedican a hacer rallies en lugar de a visitar la zona. Uno de los conductores, que también hacía de guía, mientras nos contaba desconsolado, su pasión desmedida por la recepcionista de nuestro hotel, que dicho sea de paso, no le hacía ni puñetero caso, nos llevó a pueblecitos en las montañas con paisajes espectaculares. A falta de un consejo para darle (vaya dos!) le dijimos que esta vida es una mierda (que poco tacto!!).

Ellos son amables para que les compres su mercancía, más que amables, grandes embaucadores, y aunque el paisaje sigue siendo maravilloso, la autenticidad de la que en su día disfrutó la zona, ha pasado a ser historia. Despues de Sa Pa, empezamos a bajar el país, pasaremos por Hue, Hoi An, Nha Trang y Dalat antes de llegar a Ho Chi Minh city, más conocida por todos como Saigón.