miércoles, 15 de septiembre de 2010

Sorprendente Vietnam

Afortunadamente cuando uno escucha mencionar Vietnam, ya no se nos viene a la cabeza sólo la palabra guerra, sino imágenes de un país de extraordinaria belleza, una gastronomía deliciosa, y un pueblo tremendamente amable. Las omnipresentes montañas, pueblos preciosos, típicos mercados de Asia y ríos por los que navegar parecen salidos de un cuento, de un país de fábula.


Las diferencias entre norte y sur, probablemente se dejen notar más en este país, que en ningún otro. Desde el paralelo 17, que fue la línea de demarcación militar provisional establecida por la conferencia de Ginebra, que consagró la partición de Vietnam en dos, todo en los dos "Vietnams" es distinto, desde el idioma hasta la comida, pasando por el clima y por supuesto las diferencias políticas.

Vietnam, es por otro lado, el segundo mayor exportador del mundo se arroz despues de Tailandia, y de cafe despues de Brasil.

"Hoc an, hoc noi" Aprender a comer antes que a hablar. Así expresan los Vietnamitas su pasión por la cocina, y por ello la gastronomía vietnamita es uno de los grandes placeres de los que disfrutar en este magnífico país.

Entre los más de 500 platos de que dispone la cocina vietnamita, que casi todos acompañan con Bia Hoi (cerveza elaborada en Vietnam), están los rollitos de primavera, que tienen mil variedades, de las que cada puesto callejero se especializa en una, así que hay que hacer todo un via crucis por las calles del barrio antiguo de Hanoi para probrarlos todo, y una vez que los pruebas todos, una no sabe con cual quedarse.

Luego hay otro tipo de delicatessen como gusanos, tarántulas y serpiente para los más osados. Yo estoy deseando probar la serpiente, con los otros dos no me voy a atrever. Otra cosa típica de Vietnam es el vino de serpiente. Consiste en vino de arroz con una serpiente sumergida en su interior y que dicen, cura desde la ceguera nocturna hasta la impotencia.

El 27 de agosto mi vuelo de Vietnam Airlines aterriza en el aeropuerto de Noi Bai, el 28 lo hace el de María Bella, y sin tiempo que perder nos echamos a la calle a descubrir un país que las dos nos moríamos por conocer.

En Hanoi, bajo un calor y una humedad insoportables, empezamos nuestro recorrido por el lago Hoan Kien, cuyo extremo norte roza el Barrio Viejo y cuyo extremo sur nos lleva hasta el Barrio Frances. A lo largo del lago, un florido paseo da cobijo a ciudadanos practicando tai-chi, a vendedores ambulantes, parejas de novios, curiosos y a todos los turistas que visitamos la ciudad.

Llegamos a la joya más preciada de Hanoi, su maravilloso Barrio Antiguo o Barrio Viejo, con su arquitectura colonial francesa, lagos, museos, teatros de marionetas, que hacen de ella una ciudad cautivadora. Sus estrechas y laberínticas calles llenas de tenderetes y tiendas en las que comprar desde seda hasta hierbas medicinales, pasando por artículos de material de oficina y fontanería, instrumentos musicales, mochilas de The North Face, y muchos otros productos, y en las que el regateo se ha convertido en un arte.

Unas calles más estrechas que otras, pero las construcciones que las flanquean son en todas, estrechas casas de 2 pisos de altura (lo primero para evitar pagar impuestos de la fachada exterior, y lo segundo por respeto al rey, no podían ser más altas que el palacio real), junto a caserones decadentes que dejan ver lo que esta ciudad debió de ser en su día.
Coches de lujo, que parecen estar fuera de contexto, como si estuviesen en una ciudad que no les corresponden, adelantan sin miramientos a carros, bicis y el enjambre de miles y miles de motos que circulan por toda la ciudad. El tráfico caótico como era de esperar, y cruzar la calle un arte que no te queda más remedio que aprender.

Aunque despues de la Segunda Guerra Mundial, Hanoi tardó 50 años en despertar de un largo letargo, lo hizo para convertirse en una de las ciudades más carismáticas del Sudeste Asiático.
Los viejos teatros de la ciudad se llenan de curiosos deseosos de ver las marionetas de agua. Un espectáculo milenario, que parodia el folclore y la historia de Vietnam, y cuyos protagonistas son marionetas talladas en madera, y lacadas y pintadas de colores, que hacen su espectáculo sobre el agua mediante un sistema de cañas de bambú y poleas sumergidas que controlan los movimientos.

Dejamos Hanoi para visitar la Bahía de Halong. En todo este tiempo, os he ido contando sobre los paisajes majestuosos, impresionantes, e inigualables que he visto en montones de países como Nueva Zelanda o Argentina; bien, creo que todos han sido superados por la Bahía de Halong. Casi 2000 islas de todos los tamaños, todas majestuosas, emergen del agua como gigantescos vigías recibiendo a los cientos de barcos cargados de turistas que vienen a ver uno de los paisajes más imponentes del mundo. Las cámaras no dejan de disparar, y muchos ni siquiera pueden creer lo que están viendo. 434km2 de la bahía han sido declarados Patimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

Junto con Mark y Ronan, dos profesores de ingles irlandeses que viven en Corea, y otro grupo de personas de varias nacionalidades pasamos dos días muy divertidos en el barco, mientras no podíamos dejar observar semejante escenario hasta llegar a la isla de Cat Bat, donde sin estar avisadas con anterioridad, casi nos dejamos la vida escalando un monte para el que no llevábamos, ni el calzado, ni la ropa, ni los kilos de repelente de mosquitos que se necesitan para semejante aventura. Y si no que se lo digan a la pierna y traseros de Maria Bella, que estuvo con dos moratones enormes durante dos semanas. 

Llamaba la atención que las mujeres se cubren el rostro por completo con mascarillas y gafas de sol; incluso guantes, y por supuesto el resto del cuerpo cubierto para evitar que les de el sol y ponerse morenas, ya que al contrario que la piel morena, la piel blanca es para ellos hermosa, digna de elogios y alabanzas.

Vuelta a Hanoi para tomar un tren nocturno a Sa Pa, en el norte del país. Escondida entre montañas, está una de las ciudades con las minorias etnicas más pintorescas de Vietnam. Se ha convertido en un lugar tan popular que todo ha terminado corrompiendose. En el momento en que dejan de ver personas, para empezar a ver dólares, todo se va al garete.
Alquilamos dos motos, esta vez con conductor, ya que la policia en Sa Pa no es amiga de que los turistas conduzcan, debido a varios accidentes de descerebrados que se dedican a hacer rallies en lugar de a visitar la zona. Uno de los conductores, que también hacía de guía, mientras nos contaba desconsolado, su pasión desmedida por la recepcionista de nuestro hotel, que dicho sea de paso, no le hacía ni puñetero caso, nos llevó a pueblecitos en las montañas con paisajes espectaculares. A falta de un consejo para darle (vaya dos!) le dijimos que esta vida es una mierda (que poco tacto!!).

Ellos son amables para que les compres su mercancía, más que amables, grandes embaucadores, y aunque el paisaje sigue siendo maravilloso, la autenticidad de la que en su día disfrutó la zona, ha pasado a ser historia. Despues de Sa Pa, empezamos a bajar el país, pasaremos por Hue, Hoi An, Nha Trang y Dalat antes de llegar a Ho Chi Minh city, más conocida por todos como Saigón.

1 comentario:

Anónimo dijo...

me encantaaaaaaaaaa yo quiero ir a vietnam! me tienes enganchada a tu blog! jajaja