lunes, 19 de abril de 2010

Paisajes para recordar - Nueva Zelanda

Te Anau, a orillas del lago del mismo nombre, con sus 342 km2, es el lago más grande de la isla sur, y el segundo más grande de Nueva Zelanda, después del lago Taupo. Es un lugar muy tranquilo, excesivamente tranquilo, pero tan bonito como sus vecinos Queenstown, Wanaka, Arrowtown, etc. etc. etc.

Es también uno de los mejores destinos para senderistas, y la puerta de acceso al majestuoso Milford Sound. Desde aquí se pueden hacer los senderos Milford Track o Kepler Track, ambos de varios días de duración, aunque dentro de éstos, hay otros más cortos, y de los que yo hice uno del Kepler Track.   
 Los lagos glaciares, valles y magníficos fiordos que forman gran parte del Parque Nacional Fiorland de los que hoy podemos disfrutar, son el resultado de la erosión por glaciares durante los últimos dos millones de años. Dicen por aquí, que no hay mala fecha para visitarlos, que uno quedará cautivado por tanta belleza en cualquier epoca del año. Milford Sound, el destino más demandado del parque, y si alguna vez tenéis la suerte de visitarlo, entenderéis porqué, es un fiordo que discurre entre montañas que alcanzan más de 1.500 metros, que salen directamente desde el mar y cuyas bases están sumergidas unos 400 metros. Me explicó un miembro de la tripulación del barco, que hace unos 10.000 años, cuando terminó la ultima glaciación, el hielo siguió su camino hasta hacer de la Antártida su hogar, y el mar se hizo amo y señor del terreno que dejaron. La región en la que se encuentran éste y otros muchos fiordos, es conocida como Fiordland, seguramente la zona más espectacular de todo el país, y en la que, afortunadamente, el hombre casi no ha penetrado. Hay alternativas para recorrerlo, por aire alquilando un helicóptero o avioneta, a pie, bien por uno de los muchos senderos de varios días de duración, sobre todo el Milford Track, que hay que reservar con varios meses de antelación o realizando uno de los cruceros que ofertan. Un factor determinante es la lluvia, que puede, en su justa medida, embellecer el paisaje con cascadas y arcos iris, o tener el efecto opuesto y hacer que en exceso y con niebla uno no pueda disfrutar del imponente paisaje. Fiorland tiene uno de los índices de pluviosidad más altos del mundo. 

El día que yo hice el crucero, la lluvia, el sol y la niebla se alternaron durante el recorrido. La lluvia hizo que se formasen cataratas por todos lados, también hizo que tuviesemos que refugiarnos dentro del barco de vez en cuando, las pocas veces que salió el sol cambiaba casi instantáneamente los colores del paisaje, y la niebla hizo que pudiesemos hacer fotos en blanco y negro. El tamaño de nuestro barco (pequeño) hizo que pudiesemos acercarnos a una distancia sorprendentemente corta de una de las cataratas, los grandes no pueden hacerlo tanto, hasta quedar la proa del barco prácticamente debajo de ella, y aunque por supuesto, nos hicieron estar dentro del barco durante la maniobra, y el agua salpicaba con fuerza los cristales, la perspectiva del salto es impresionante.

Milford Sound o Piopiotahi, que fue descubierto por casualidad es, sin duda alguna, un paisaje de una belleza descomunal, sublime, impagable e inaudita, de los más, si no, el más hermoso que he visto en mi vida, y me pregunto si existen más lugares de ensueño, que el hombre aún no ha descubierto.
Todo el trayecto hasta llegar a Milford Sound, es igualmente espectacular, y para llegar a Queenstown otro tanto de lo mismo.
Me encuentro aquí en Otoño, sin saber que Queenstown es especialmente conocido en esta estación por sus maravillosos colores, y efectivamente el paisaje parece estar en llamas con los naranjas, amarillos y rojos que colorean el magnífico paisaje, rodeada de montañas y con las cristalinas aguas del lago Wakatipu bañando su orilla. Por cierto, los árboles nativos permanecen verdes todo el año, son los que han sido traídos de otros lugares los que cambian de color.  La "queja" de una japonesa que conoci en Te Anau y que buscaba sosiego y tranquilidad, es que en Queenstown hay demasiada gente y es demasiado turístico, y cómo no va a serlo!!!
Es una zona de una belleza extraordinaria, además de la ciudad más importante para realizar cualquier actividad o deporte de alto riesgo, de hecho gran parte de su oferta turística se basa en estos deportes. Bungee jumping, skydiving, kayaking, rafting, jetboating, hang gliding, deportes de nieve, estos tipos se tiran desde donde haga falta. Adrenalina, aventura, peligro, pasión, escalofríos, todas estabs palabras deberían figurar en el diccionario como sinónimos de Queenstown. Aunque realmente no hace falta nada de esto para disfrutar del lugar, solo pasear por el lago sin hacer nada, ya merece la pena visitarlo. Desde el hostal, que por cierto, como todos en los que he estado en Nueva Zelanda, está perfectamente equipado con todo lo que los hospedamos en ellos podamos necesitar, se ve el lago desde diversos puntos. Mucho de los hostales están estratégicamente situados, aunque aquí dificilmente uno se puede equivocar, este país es una postal mires a donde mires, y mires desde donde mires. Y mirando desde una de las enormes ventanas de la cocina, cuando todo esta en calma, y el sol a punto de ponerse, pareciera que Gandalf o alguno de los hobbits fuesen a salir de detras de un árbol en cualquier momento. Uno de los dias que paso en Queenstown, me acerco a Arrowtown, un antiguo pueblo de buscadores de oro, con calles llenas de árboles perfectamente alineados y con estos colores que lo hacen espectacular. Conservan las casas de madera y piedra, y un asentamiento chino de los primeros inmigrantes chinos que llegaron a Arrowtown y que ha sido restaurado.   


Desde Queenstown empiezo a subir por la costa hasta la zona donde se encuentran los glaciares de Nueva Zelanda, en Franz Josef. Todo el trayecto es absolutamente espectacular, arboles literalmente colgando de las montañas, hacen que en este país las avalanchas no sean solo de nieve sino, que por raro que suene, son de árboles también, ya que si alguno se desprende arrastra a los que tiene debajo con él. Lagos naturales formados con agua procedente de los glaciares, con cisnes negros nadando en ellos. solo dejábamos de ver lagos para ver el mar en su lugar, cuando la carretera nos acercaba más a la costa. También abundan en esta zona, las granjas productoras de leche, los rios, cataratas esparcidas por todo el paisaje se divisan desde kilometros.
No os he contado, y no sé si sabéis que esta tierra es una gran productora de vino. Esta región, igual que otras muchas, cuenta con 177 viñedos, que en esta época del año y antes de que lleguen las heladas tiene cultivadas más de 6.000 toneladas de uvas, así que aquí os dejo de momento, me voy con mi amigo David (australiano con el que llevo los tres últimos días viajando, ya que hasta Greymouth, donde estoy ahora llevávamos la misma dirección) a una terraza a saborear una copa de Sauvignon Blanc y a brindar por todos vosotros.