Sentadas durante más de cinco horas en una barcaza terriblemente incómoda, navegamos por el Mekong hasta llegar a Camboya. En el trayecto, pueblos enteros, barcos, granjas, mercados flotantes se desplazan por los canales, corrientes y brazos que se despliegan por ese mundo flotante que es el delta del Mekong, donde el río se bifurca y todos sus brazos emprenden una loca carrera hacia el mar.
Raro era el momento en el que no había alguien en la orilla, saludándonos al pasar, hasta que nos perdían de vista. Alguno incluso se tiró al río dominado por la euforia.
Minutos antes de cruzar la frontera con Camboya, nos despedimos de la cocina vietnamita con unos deliciosos noodles. El jamón serrano que María Bella me trajo de España, y que nunca podré agradecerselo bastante, cayó, como era de esperar, en los primeros días entre Hanoi y Sa Pa.
Después de horas de navegación, En el trayecto de Phnom Pehn a Siem Reap, lo único que nos hizo despegarnos (literalmente) de nuestros asientos de escay, fue ver como nuestro vecino de asiento, se zampaba para su almuerzo, no una, sino tres enormes tarántulas, primero arrancándoles las patas como si de un cangrejo se tratase, y luego el resto del cuerpo, que saboreaba mientras se partía de la risa viendo una película, con pinta de blockbuster, en el bus.
Llegamos a Phnom Penh, la capital del país, pero la razón por la que María Bella quería venir a Camboya a toda costa, era visitar Angkor Wat, en Siem Reap, de modo que sin mayor dilación, al día siguiente a primera hora, otro autobus hasta allí.
La historia de los templos es larga, y no os voy a aburrir con ella, así que lo único que os diré es que son uno de los tesoros arqueológicos más importantes del mundo, además de la mayor estructura religiosa jamás construída, por supuesto Patrimonio mundial por la UNESCO y sin duda alguna, impresionantes.
A más de uno os sonará al menos uno de los templos, porque fue una de las localizaciones en las que se rodaron algunas escenas de la película de Tomb Raider.
Raro era el momento en el que no había alguien en la orilla, saludándonos al pasar, hasta que nos perdían de vista. Alguno incluso se tiró al río dominado por la euforia.
Minutos antes de cruzar la frontera con Camboya, nos despedimos de la cocina vietnamita con unos deliciosos noodles. El jamón serrano que María Bella me trajo de España, y que nunca podré agradecerselo bastante, cayó, como era de esperar, en los primeros días entre Hanoi y Sa Pa.
Después de horas de navegación, En el trayecto de Phnom Pehn a Siem Reap, lo único que nos hizo despegarnos (literalmente) de nuestros asientos de escay, fue ver como nuestro vecino de asiento, se zampaba para su almuerzo, no una, sino tres enormes tarántulas, primero arrancándoles las patas como si de un cangrejo se tratase, y luego el resto del cuerpo, que saboreaba mientras se partía de la risa viendo una película, con pinta de blockbuster, en el bus.
Llegamos a Phnom Penh, la capital del país, pero la razón por la que María Bella quería venir a Camboya a toda costa, era visitar Angkor Wat, en Siem Reap, de modo que sin mayor dilación, al día siguiente a primera hora, otro autobus hasta allí.
La historia de los templos es larga, y no os voy a aburrir con ella, así que lo único que os diré es que son uno de los tesoros arqueológicos más importantes del mundo, además de la mayor estructura religiosa jamás construída, por supuesto Patrimonio mundial por la UNESCO y sin duda alguna, impresionantes.
A más de uno os sonará al menos uno de los templos, porque fue una de las localizaciones en las que se rodaron algunas escenas de la película de Tomb Raider.
María Bella que había decidido despedirse de sus vacaciones, rodeada del exquisito lujo asiático, generosamente me invitó a un Hotel Resort & Spa de cinco estrellas, del que no te daban ganas de salir. Pero se le terminaron las vacaciones y se tuvo que marchar, y con ella se fueron las cinco estrellas y los chóferes uniformados, y yo he vuelto a mi vida de mochilera.
Los camboyanos, son tremendamente sonrientes, buenos conversadores, y muy amables, y a veces me pregunto como lo consiguen en un país tan castigado como el suyo. No se puede hablar de Camboya, y no mencionar la no tan lejana (1975-1979) Khmer Rouge (los jemeres rojos), y ese tirano loco y asesino (Pol Pot) que la lideró. La toma de Phnom Penh el 17 de abril de 1975, fue el comienzo de un holocausto (más de dos millones de camboyanos murieron mientras duró el régimen comunista). Tres años de odio, miedo, hambre, esclavitud, destrucción y muerte. Algo que en pleno S. XX nunca debió permitirse. Su plan de transformar Camboya, creando un nuevo país sin "manchas imperialistas" de su pasado, haciéndoles cambiar sus familias, comida, religión, tierras, en definitiva su vida y su historia (como si se pudiese cambiar) le costó muy caro al pueblo camboyano. Ser un intelectual o parecerlo (llevar gafas era motivo suficiente) se pagaba con la vida.
Hay una película que os recomiendo ver "The Killing Fields" basada en las experiencias de tres periodistas durante el régimen de Khmer Rouge. En español la titularon "los gritos del silencio".
Hoy día Camboya sigue siendo un país muy pobre (aunque es difícil de creer cuando una ve una cantidad alarmantemente alta de Lexus 4x4 circulando por la ciudad; yo he llegado a preguntarme si serán imitaciones), todavía quedan campos de minas que siguen matando y amputando miembros al que tiene la mala suerte de encontrarlas, pero sigue siendo un pueblo optimista.
Por otro lado, está la Camboya que todos vemos, si no escarbamos un poquito en su historia, y que no difiere mucho del resto de países del sudeste asiático. Occidentales, nos ven, y como al tío Gilito, se les dibuja en las pupilas el símbolo del dólar.
Yo no sé ni para que tienen una moneda (el riel. 1 euro= aprox. 5000 rieles), la moneda que cambia de manos en mercados, hoteles, restaurantes, centros de masajes, correos, y cualquier tipo de establecimiento es el dólar americano.
Ellos no tienen medida a la hora de pedir. Cuando te piden $10, por algo que vale $2, y con la mirada les dices "ni en tus mejores sueños", entonces tararean su letanía de "happy hour, special price for you my friend".
También como en el resto de países, los autobuses te dejan en la puerta de hoteles en los que el conductor se lleva comisión si te alojas en ellos, o en zonas alejadas de la ciudad, donde toda una legión de conductores de tuk tuk, se lanzan a la ventanilla del bus, antes de que éste ni siquiera haya parado. Cuando lo hace, y logras abrirte paso para poder salir, escoltada por un tropel de los mismos, al grito de "where come from? where you go?", comienza de nuevo, la guerra del regateo.
Después de marcharse María Bella, yo me quede un par de días más en Siem Reap, luego pasé por la colonial Battambang, otros pueblos que pasaron sin pena ni gloria, y Sihanoukville en el sur del país. Tomado por la mafia rusa, y por cuadrillas del Khmer Rouge clandestinas (o eso dicen), podría ser un verdadero paraíso, pero sus sucias y descuidadas playas, y la imparable urbanización de cada palmo de la costa lo están haciendo difícil. Aún así me gusta este lugar.
Después de Sihanoukville tuve que volver a la capital, a Phnom Penh, ya que en unos días empezaré a subir el país hasta Laos, pero al parecer tengo que gestionar el visado en Camboya, ya que Laos no emite visados si se cruza la frontera por tierra. Yo de esto tengo serias dudas, lo más seguro es que si te la gestionan en Phnom Pehn le saquen unos dólares más. En cualquier caso no me la voy a jugar.
De todas formas, volver a Phnom Penh me ha permitido visitar la ciudad, que para pasar un par de días no esta nada mal. Un largo paseo a lo largo del río, el palacio imperial y otros imponentes edificios hicieron que el día pasara volando.
La siguiente parada fue Kratie, que no tiene demasiado que destacar, pero es un buen lugar para descansar del largo viaje entre Phnom Penh y Don Det, ya en Laos.
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