miércoles, 9 de junio de 2010

De canguros, koalas y didgeridoos

En un país como este, con infraestructuras modernas y un clima político estable, uno no se preocupa por la seguridad porque no se detecta su falta; los únicos problemas con los que te encuentras en Australia son básicamente cómo llegar a cubrir las interminables distancias en poco tiempo -sobre todo si no tienes mucho-, en aprender a tocar el didgeridoo -un instrumento aborigen de viento hecho de eucalipto-, o en cómo ganarle el pulso a los australianos en la ingesta de cerveza.


Siempre me ha fascinado lo muchísimo que viajan los australianos y sus primos los kiwis, pero cómo no van a viajar!!! Sin animo de ofender, solo hace falta tener un poquito de curiosidad para querer salir de aquí. No hay mucho que contar, excepto por la historia de los aborígenes: Resumiendo, fue sepultada por los europeos que, al llegar a Australia y no encontrar ninguna estructura política que se lo impidiese, se deshicieron de muchos de los aborígenes -bien matándolos o contagiándoles enfermedades contra las que no estaban inmunizados-, destruyeron su hábitat introduciendo animales domésticos y, cómo quien no quiere la cosa, se quedaron con sus tierras. Después de la segunda guerra mundial, el objetivo del gobierno era la integración de los aborígenes y qué deciden hacer? retirarles todos sus derechos, en un intento en vano de "europeizarlos". En los años 60, la legislación fue revisada y el gobierno les concedió la ciudadanía, pero no fue hasta no hace tanto, en 1972, cuando se les concedieron derechos limitados sobre su tierra. Con esto la situación mejoró para ellos pero aun queda mucho por hacer.


Por otro lado, la mayoría de australianos ha decidido asentarse cerca de la costa, así que no me quiero ni imaginar lo que tiene que ser el centro del país, un desierto inmenso con una tierra y un clima inhabitables. Imaginaos, 20 millones de personas en un espacio más grande que toda Europa y tan mal repartidos.

En mi empeño por saber algo más de esta parte del planeta, me dedico a preguntar en los dos países sobre las relaciones entre ellos, y la conclusión es que existe una pequeña batalla entre los aussies y los kiwis (unos dicen que se desprecian, otros que se tienen afecto) y que aunque se identifican culturalmente hablando, los australianos consideran a los kiwis un tanto provincianos y éstos a su vez consideran a los aussies un tanto yankees y poco refinados. Estas diferencias sólo ellos las ven con facilidad.
Después de Sydney, empecé a subir la costa, y casi un mes después puedo decir, que mis expectativas -quizás excesivas por las muchísimas ganas que tenía de visitar Australia- por desgracia no se han cumplido. Que nadie me malinterprete, me alegro de haber venido. Además era una visita casi obligatoria -¿qué es una vuelta al mundo si no se visita este país? En general, la costa este son pueblecitos minúsculos con una calle principal llena de restaurantes y tiendas, a cual más caro (hago un pequeño inciso aquí: y a cuál más hortera, porque madre mía con los australianos y sobre todo las australianas; un paseíto por Cibeles, Gaudí o la semana de la moda en París para coger ideas no les vendría nada mal), es todo lo que hay en absolutamente todos los pueblos de la costa. Miles de mochileros de entre 18 y 23 años, sobre todo alemanes e ingleses, en su año sabático antes de empezar la Universidad o en mitad de la misma, llenan las playas y calles de la costa. Al parecer algunos países europeos tienen un acuerdo con Australia, por el que los menores de 30 pueden solicitar un visado de trabajo durante un año, y se vienen a recoger fruta o a trabajar en granjas, con lo que se costean la estancia para poder conocer el país. No les resulta nada fácil por lo ridículamente caro que es todo, desde comprar una coca cola, hasta el uso de los cafés internet, pasando por los productos básicos como champú, carne o leche. Para que os hagáis una idea: una botella de agua de 600ml cuesta entre 3.50 y 4.00 dólares, el uso de internet 4.00 dólares la hora en el sitio más barato y, ojo al dato, para los fumadores un paquete de cigarrillos cuesta entre 18 y 20 dólares. Es ridículo, y además no hay razón aparente para que todo cueste tanto, dicen las malas lenguas que es porque los sueldos aquí son tremendamente altos también.


En fin, a lo que iba, mochileros de mi edad recorriendo el país, NI UNO, pero al parecer me he convertido en la inspiración de más de uno para cuando lleguen a mi edad, poder seguir viajando. Deben de pensar que al llegar a los 40 las articulaciones ya no funcionan y nos volvemos idiotas o algo parecido, o simplemente no se imaginan a sus madres de mochileras por el mundo.


La primera parada después de Sydney fue Byron Bay, el punto de encuentro más demandado del Pacífico por los surfistas. Lleno de gente joven, muy joven, que vienen básicamente: a) los que saben, a practicar surf y b) los que no, a irse de fiesta, es decir, a hacer botellón en la otra punta del planeta. Y a no ser que uno tenga uno de estos dos objetivos, no hay muchas más razones para venir.


Brisbane, que originalmente fue construida por convictos reincidentes enviados a este remoto lugar, es la capital de Queensland. Aunque en principio no me atraía mucho el lugar, era necesaria una parada de varios días, ya que es el último punto antes de llegar a Asia en el que podía solicitar el visado para China. La ciudad no está mal aunque le falta la playa, que está a bastante distancia -al menos una hora en coche, claro que aquí eso no es distancia. El centro es bastante pequeño, y es donde se cuece todo lo que ocurre en la ciudad, así que en sólo dos calles estás en pleno hervidero de lo que ocurre. Todas las calles que tienen nombres de miembros femeninos de la familia real británica (Adelaide, Alice, Ann, Charlotte, Elizabeth, Margaret y Mary) discurren paralelas, mientras que las perpendiculares a éstas tienen nombres masculinos (Albert, Edward, George y William); la calle principal es Queen Street que, junto con su zona peatonal y comercial Queen Street Mall, fueron nombradas en honor a la Reina Victoria, de quien como en casi todas las ciudades australianas hay estatuas repartidas por la ciudad.


Hay por supuesto, otras zonas como el South Bank donde se concentra gran parte de la vida cultural, y que está al otro lado del río. Han construido una especie de pasarela a lo largo de la ribera del río Brisbane (que dio su nombre a la ciudad y no al revés) que hace de zona de paseo, con varios puntos de embarque donde los pasajeros suben y bajan del "city cat", un ferry público que te pasea a lo largo y ancho del río, que divide las zonas norte y sur de la ciudad y sobre el que se alzan varios puentes a lo largo de su recorrido por ella. Y tiene un bonito santuario de Koalas, en el que pude coger a uno, previo pago, echar un rato con los canguros que comen plácidamente de tu mano, y confraternizar con otras criaturitas residentes en el país, como demonios de tasmania o wombats.


A partir de aquí, las paradas fueron Noosa, donde fui tres días a un campamento a remar en canoa, y que resultó ser el sitio mas caro de toda Australia -algunas celebrities de Hollywood tienen casas aquí.


Después de Noosa, Hervey Bay, mejor puerta de acceso a uno de los mayores atractivos de la costa este, Fraser island, la isla de arena más grande del mundo.


Los aborígenes de la región la llaman K’Gari (paraiso). Caminos de arena, el único lugar en el mundo en el que la selva tropical crece en la misma arena, lagos de aguas cristalinas y una interminable playa de 120km por la que conducir, mientras las olas del Pacífico rompen contra las ruedas del 4x4 –ésta es una de esas cosas que deberíais anotar en la lista de cosas por hacer antes de morir, yo ya he puesto el tick en esa casilla.


Dunas gigantes que hacen de tobogán por el que deslizarse hasta las aguas del lago te hacen volver a los 15, aunque algunos de mi grupo tenían pocos más.


El único problema de Fraser Island es que sus aguas están llenas de tiburones. Tampoco faltan los dingos, que aunque más parecido a un perro, es en realidad un lobo, autóctono de Australia. Los más puros se encuentran aquí -en otras partes de Australia han terminado cruzándose con perros-, pero aunque te aconsejan ir siempre acompañado y cómo reaccionar ante la presencia de un dingo, en realidad los que nosotros vimos parecían ser muy pacíficos y no tener ningún miedo de los humanos.

 
A algo más de 12 de horas de autobús de Hervey Bay, se encuentra Airlie Beach, a donde la gente viene a embarcarse 2-3 días para visitar las Whitsunday Islands. Ya en la Gran Barrera de Coral -un archipiélago de 74 islas, de las cuales sólo siete tienen algún tipo de construcción- paraísos desiertos, cuya playa más famosa, “Whitehaven”, es de una belleza sensacional.

 
Con el "inconveniente" del tipo de turismo que ronda por estos lares y de lo aburridas que terminan siendo las actividades que este tipo de turismo demanda, Australia tiene verdaderas maravillas de la naturaleza. Y por supuesto, solo aquí se puede hacer otra cosa única, bucear en la imbatible Gran Barrera de Coral.

Antes de que me lluevan los emails preguntando que de qué me quejo, clarifico que esto no es una queja, es simplemente un hecho que yo expongo.
Unas horas antes de publicar esta entrada, lo que he hecho precisamente ha sido bucear en Cairns, la mejor localizacion en la Gran Barrera, y he tenido el privilegio de codearme con tortugas, rayas y tiburones, ademas de con miles de peces y corales de todos los colores y tamaños, incluyendo a Wally, un enorme pez loro que todo el mundo conoce, porque sube a saludar a los barcos que llegan adonde el se encuentra, y que curiosamente se deja acariciar por los submarinistas. Cuando una vive experiencias como estas, es cuando se le olvidan los mochileros casi quinceañeros que invaden la costa, y los ratos largos en los que no se encuentra que hacer sin que te cueste la mitad del presupuesto.
En unos dias, parto hacia Japón, menudo cambio. De Australia no he escrito mucho, pero estoy segura de que en mi nuevo destino se me va a acumular el trabajo.

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