lunes, 28 de junio de 2010

Kyoto, el sillón del emperador


El shinkansen o tren bala que enlaza Tokyo con Kyoto en 2 horas 40 minutos fue mi método de transporte entre ambas ciudades. Aquí se escucha algo más de español, las relucientes alianzas de algunas parejas que pasean por las calles de Kyoto, revelan esta ciudad como un destino popular de luna de miel. Voy a aprovechar este comienzo para deciros, que si alguien tiene pensado visitar Japón, es imprescindible comprar el "Japan Railway Pass" que sólo puede ser adquirido FUERA de Japón y activado a su llegada al país. Los hay de 7, 14 y 21 días, y una vez activados son válidos en días consecutivos. Merece la pena si se va a recorrer gran parte del país, si sólo se visitan Tokyo y Kyoto, como mucha gente hace, entonces habría que mirar otras alternativas. Yo tengo el de 14 días que cuesta unos 400 euros, y te permite viajar por todo el país, e incluye el uso del shinkansen. Aunque pueda parecer caro, voy a romper una lanza a favor de Japón y romper el mito de lo carísimo que es. Efectivamente, uno se puede gastar tanto como quiera aquí, pero para los que tienen poco presupuesto, se puede comer por 700¥1000¥ (entre 6 y 9 euros) y se puede dormir por 2.500¥(unos 20 euros).


Kyoto es el alma de la cultura tradicional japonesa. Durante más de mil años la capital del imperio del sol naciente, donde las tradicionales artes escénicas, el arte del ikebana (el exquisito arte japonés del arreglo floral) o la ceremonia del té, se transmiten de generación en generación, de padres a hijos, y de hijos a  nietos...

Durante los años en que Kyoto fue capital del imperio, todo se centraba en todo lo que tuviese que ver con la corte imperial, atrayendo a los mejores artesanos y profesionales de todas las artes, y por suerte para todos nosotros, hoy conserva la esencia, refinamiento y distinción del japón más tradicional. Aunque milagrosamente, Kyoto se libró de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, no lo hizo de guerras civiles, incendios y terremotos, tras los que tuvo que ser reconstruída. Los bosques de bambú, gheisas, samurais y templos dorados que componen esta urbe tradicional, hermosa, relajante, nostálgica, histórica y cultural, han conseguido ser refugio e inspiración de poetas a lo largo de miles de años.

1.500 templos budistas y 200 santuarios shinto, la antigua religión indígena centrada en el culto a los ancestros y la armonía con la naturaleza, surgen en los lugares más inesperados, en un país en el que el 86% de sus habitantes practican ambas religiones. Ellos entienden el sintoísmo como la religión de esta vida, y el budismo se encarga de las cuestiones del alma y del mas allá, algo incomprensible para los occidentales, por lo general fieles a fes monoteístas . Muchos de estos templos guardan en su interior jardines japoneses, entre ellos jardines zen (utilizados como lugar de meditación), únicos en su habilidad para reproducir la belleza de la naturaleza en un espacio tan reducido como una caja de cerillas. Sentarse a contemplar un jardín japonés y saborear la exquisita lentitud que cobra el tiempo esta al alcance de todos los que visitamos este extraordinario país. En los templos cientos de turistas, muchos de ellos japoneses, pero sobre todo cientos de estudiantes uniformados a cargo de sus profesores, guías o tutores descubren su propia historia.



Por la noche, cuando uno ya se ha saturado de templos, hay que ir a la calle Pontocho, en el barrio de Gion. Es seguramente la calle más bonita de Kyoto, un día protagonista del barrio rojo de la ciudad, y hoy día una calle de restaurantes y locales no aptos para bolsillos con bajo presupuesto. Las tradicionales casas de té, guardan tras sus muros y sus puertas de papel de arroz, secretos que nunca seran desvelados. En su interior, las versadas y cultas gheisas y maikos (aprendiz de geisha), a las que es imposible ver en plena sesión de trabajo, entretienen a clientes millonarios, aunque entre cita y cita, si uno tiene suerte, puede verlas brevemente pasar.

También en este barrio se levantan algunos de los mejores teatros de la ciudad, en los que ver las dos variedades de teatro más famosas de Japón, el  Noh y el kabuki;el primero refleja la estética minimalista del zen, mientras el segundo es más conocido por ser más dramático y por los elaboradísimos maquillajes de los actores.

Pero estos tesoros incalculables, y unas tradiciones a las que nunca se les ha opuesto resistencia, no lo son todo en Kyoto, de hecho nada más bajar del tren uno se encuentra en una modernísima y espectacular estación de tren. La industria tambien ha llegado hasta aquí, aunque industrias milenarias como la ricicultura o cultivo del arroz, que se introdujo en Japón hace mas de 2000 años, sigue ocupando un lugar esencial.

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