lunes, 19 de abril de 2010

Paisajes para recordar - Nueva Zelanda

Te Anau, a orillas del lago del mismo nombre, con sus 342 km2, es el lago más grande de la isla sur, y el segundo más grande de Nueva Zelanda, después del lago Taupo. Es un lugar muy tranquilo, excesivamente tranquilo, pero tan bonito como sus vecinos Queenstown, Wanaka, Arrowtown, etc. etc. etc.

Es también uno de los mejores destinos para senderistas, y la puerta de acceso al majestuoso Milford Sound. Desde aquí se pueden hacer los senderos Milford Track o Kepler Track, ambos de varios días de duración, aunque dentro de éstos, hay otros más cortos, y de los que yo hice uno del Kepler Track.   
 Los lagos glaciares, valles y magníficos fiordos que forman gran parte del Parque Nacional Fiorland de los que hoy podemos disfrutar, son el resultado de la erosión por glaciares durante los últimos dos millones de años. Dicen por aquí, que no hay mala fecha para visitarlos, que uno quedará cautivado por tanta belleza en cualquier epoca del año. Milford Sound, el destino más demandado del parque, y si alguna vez tenéis la suerte de visitarlo, entenderéis porqué, es un fiordo que discurre entre montañas que alcanzan más de 1.500 metros, que salen directamente desde el mar y cuyas bases están sumergidas unos 400 metros. Me explicó un miembro de la tripulación del barco, que hace unos 10.000 años, cuando terminó la ultima glaciación, el hielo siguió su camino hasta hacer de la Antártida su hogar, y el mar se hizo amo y señor del terreno que dejaron. La región en la que se encuentran éste y otros muchos fiordos, es conocida como Fiordland, seguramente la zona más espectacular de todo el país, y en la que, afortunadamente, el hombre casi no ha penetrado. Hay alternativas para recorrerlo, por aire alquilando un helicóptero o avioneta, a pie, bien por uno de los muchos senderos de varios días de duración, sobre todo el Milford Track, que hay que reservar con varios meses de antelación o realizando uno de los cruceros que ofertan. Un factor determinante es la lluvia, que puede, en su justa medida, embellecer el paisaje con cascadas y arcos iris, o tener el efecto opuesto y hacer que en exceso y con niebla uno no pueda disfrutar del imponente paisaje. Fiorland tiene uno de los índices de pluviosidad más altos del mundo. 

El día que yo hice el crucero, la lluvia, el sol y la niebla se alternaron durante el recorrido. La lluvia hizo que se formasen cataratas por todos lados, también hizo que tuviesemos que refugiarnos dentro del barco de vez en cuando, las pocas veces que salió el sol cambiaba casi instantáneamente los colores del paisaje, y la niebla hizo que pudiesemos hacer fotos en blanco y negro. El tamaño de nuestro barco (pequeño) hizo que pudiesemos acercarnos a una distancia sorprendentemente corta de una de las cataratas, los grandes no pueden hacerlo tanto, hasta quedar la proa del barco prácticamente debajo de ella, y aunque por supuesto, nos hicieron estar dentro del barco durante la maniobra, y el agua salpicaba con fuerza los cristales, la perspectiva del salto es impresionante.

Milford Sound o Piopiotahi, que fue descubierto por casualidad es, sin duda alguna, un paisaje de una belleza descomunal, sublime, impagable e inaudita, de los más, si no, el más hermoso que he visto en mi vida, y me pregunto si existen más lugares de ensueño, que el hombre aún no ha descubierto.
Todo el trayecto hasta llegar a Milford Sound, es igualmente espectacular, y para llegar a Queenstown otro tanto de lo mismo.
Me encuentro aquí en Otoño, sin saber que Queenstown es especialmente conocido en esta estación por sus maravillosos colores, y efectivamente el paisaje parece estar en llamas con los naranjas, amarillos y rojos que colorean el magnífico paisaje, rodeada de montañas y con las cristalinas aguas del lago Wakatipu bañando su orilla. Por cierto, los árboles nativos permanecen verdes todo el año, son los que han sido traídos de otros lugares los que cambian de color.  La "queja" de una japonesa que conoci en Te Anau y que buscaba sosiego y tranquilidad, es que en Queenstown hay demasiada gente y es demasiado turístico, y cómo no va a serlo!!!
Es una zona de una belleza extraordinaria, además de la ciudad más importante para realizar cualquier actividad o deporte de alto riesgo, de hecho gran parte de su oferta turística se basa en estos deportes. Bungee jumping, skydiving, kayaking, rafting, jetboating, hang gliding, deportes de nieve, estos tipos se tiran desde donde haga falta. Adrenalina, aventura, peligro, pasión, escalofríos, todas estabs palabras deberían figurar en el diccionario como sinónimos de Queenstown. Aunque realmente no hace falta nada de esto para disfrutar del lugar, solo pasear por el lago sin hacer nada, ya merece la pena visitarlo. Desde el hostal, que por cierto, como todos en los que he estado en Nueva Zelanda, está perfectamente equipado con todo lo que los hospedamos en ellos podamos necesitar, se ve el lago desde diversos puntos. Mucho de los hostales están estratégicamente situados, aunque aquí dificilmente uno se puede equivocar, este país es una postal mires a donde mires, y mires desde donde mires. Y mirando desde una de las enormes ventanas de la cocina, cuando todo esta en calma, y el sol a punto de ponerse, pareciera que Gandalf o alguno de los hobbits fuesen a salir de detras de un árbol en cualquier momento. Uno de los dias que paso en Queenstown, me acerco a Arrowtown, un antiguo pueblo de buscadores de oro, con calles llenas de árboles perfectamente alineados y con estos colores que lo hacen espectacular. Conservan las casas de madera y piedra, y un asentamiento chino de los primeros inmigrantes chinos que llegaron a Arrowtown y que ha sido restaurado.   


Desde Queenstown empiezo a subir por la costa hasta la zona donde se encuentran los glaciares de Nueva Zelanda, en Franz Josef. Todo el trayecto es absolutamente espectacular, arboles literalmente colgando de las montañas, hacen que en este país las avalanchas no sean solo de nieve sino, que por raro que suene, son de árboles también, ya que si alguno se desprende arrastra a los que tiene debajo con él. Lagos naturales formados con agua procedente de los glaciares, con cisnes negros nadando en ellos. solo dejábamos de ver lagos para ver el mar en su lugar, cuando la carretera nos acercaba más a la costa. También abundan en esta zona, las granjas productoras de leche, los rios, cataratas esparcidas por todo el paisaje se divisan desde kilometros.
No os he contado, y no sé si sabéis que esta tierra es una gran productora de vino. Esta región, igual que otras muchas, cuenta con 177 viñedos, que en esta época del año y antes de que lleguen las heladas tiene cultivadas más de 6.000 toneladas de uvas, así que aquí os dejo de momento, me voy con mi amigo David (australiano con el que llevo los tres últimos días viajando, ya que hasta Greymouth, donde estoy ahora llevávamos la misma dirección) a una terraza a saborear una copa de Sauvignon Blanc y a brindar por todos vosotros.

jueves, 15 de abril de 2010

Nueva Zelanda, la isla solitaria

Entre las 13 horas de vuelo y las 16 horas de diferencia entre Chile y Nueva Zelanda, subí al avion el 2 de abril y tras algo más de 13 horas de vuelo, aterricé en Auckland el día 4, es decir, no viví el dia 3 de abril de 2010. Después de un riguroso control de entrada al país, en el que te revisan hasta la suela de los zapatos (literalmente), para asegurarse de que no entra ni una pieza de fruta, tierra o semilla, busco el bus que me lleva a la ciudad. Cuando uno viaja de mochilero, el taxi es un lujo reservado para momentos o situaciones en los que no hay alternativa.
Para quien no lo sepa, Nueva Zelanda tiene dos islas, la norte y la sur, y aunque las dos tienen mucho que ver y disfrutar, es en la isla sur, donde los paisajes y la naturaleza hacen que en más de una ocasión, el corazón se salte un par de latidos. Nueva Zelanda, es un país muy joven, donde los protagonistas son la naturaleza y los deportes de alto riesgo. De hecho, no hay que ir al mar ni a las montañas a practicarlos, en la misma ciudad de Auckland, puedes hacer jumping desde la torre más alta de la ciudad, ya sabéis, el deporte en el que te atan de los pies con una cuerda elástica y te lanzan al vacío, y rebotas hasta que casi besas el suelo y que si la cuerda se suelta, te matas!! pues ese:-) 
Un día en Auckland es suficiente, tenía mucho más interes en la naturaleza intacta y salvaje de este país, que en conocer ciudades. Aunque he de decir que me quedé prendada de Christchurh, en la costa este de la isla sur, que con 350.000 habitantes es la tercera ciudad más grande de Nueva Zelanda. La isla sur aunque ligeramente más grande que la norte, sólo tiene 1 millon de habitantes, los 3 restantes del país viven en la norte, la mayoria en Auckland, donde viven (creo) 1 de cada 3 Neozelandeses o Kiwis, con un sorprendente porcentaje de asiáticos. De hecho, algunas galerías son exclusivamente para ellos, desde el personal que trabaja hasta los productos mas diversos, como comida, ropa, accesorios, música, escuelas, etc.
Después de Auckland, me fuí a Rotorua, todavia en la isla norte, es el corazón de la cultura Maori, y aunque la comunidad Maorí , hoy día es predominantemente urbana, sigue proyectando su luz sobre otra civilización que en su día se impuso, y de hecho estan muy involucrados en mantener viva su lengua y su cultura. Kia Ora (bienvenidos en Maorí ) es el saludo con el que te reciben al visitar sus pueblos. El unico día que pase allí, lo dediqué a visitar un pueblecito Maori, un lugar para ellos sagrado, muy espiritual, guerreros vistiendo trajes tradicionales, y remando en una waka (una antigua canoa que utilizaban para la guerra), son parte del espectáculo que montan y que termina con una cena de "hangi" que cocinan en agujeros en el suelo con el calor que éste desprende, ya que ésta, es una zona geotérmica bastante activa.
Hay varios edificios que merece la pena visitar como por ejemplo "The Bath House", un gran edificio Isabelino, que hoy día alberga el Museo de Arte e Historia de Rotorua, y que en su día fue un SPA que ofrecía tratamientos terapéuticos.
Aunque me hubiese gustado visitar otros lugares en la isla norte, las ganas de llegar a la sur, ganaban por goleada, así que en marcha hacia Wellington (la capital del país, capital política realmente porque la comercial es Auckland) a tomar el ferry que cruza el estrecho de Cook, que es el conecta las dos islas, y cuya última parte del trayecto es espectacular.
El ferry llega hasta un pequeno pueblo llamado Picton, en el que tuve que pasar la noche, y al día siguiente primera parada en Kaikoura.
Kaikoura, que en Maorí significa "comida de cigala" y en la que la cigala es un manjar y plato estrella en casi todos los restaurantes, es una península que se adentra en el Océano Pacífico. Es sin duda, un lugar privilegiado, cuando uno tiene en cuenta el increíble escenario, la atmósfera relajada, la riqueza de la vida marina, el buen tiempo y su posición a orillas del Océano Pacífico sur, y contrastando con todo esto, la cadena montañosa de Kaikoura con sus, a menudo, picos nevados. Kaikoura es famosa por ser la casa de la "Sperm whale" o cachalote, una de las criaturas más grandes del planeta. Esta especie vive en estas aguas durante todo el año, asi que no es raro verlas, aunque hay que adentrarse en el océano para hacerlo, ya que viven en grandes profundidades. El tour que yo hice tuvo suerte, y las vimos dos veces (cuando esta ballena sube a la superficie, se mantiene arriba unos 10 minutos para volver a sumergirse durante otros 45). 
En las más de dos horas que pasamos en el mar, vimos dos especies de delfines (dusky y Hector) este último en peligro de extinción, albatros, focas, etc. y todo en un entorno intacto, y es que la escasa población, junto con su grado de concienciación ecológica hace que los kiwis sigan a rajatabla eso de la protección del medio ambiente, de los mamíferos marinos, y de todo lo que tenga que ver con la naturaleza, y además lo hacen con una amplia sonrisa, buenos modales y ritmo relajado. Me temo que no puedo mostraros fotos de esta parada, excepto por una que casualmente guardé en otro sitio y por eso pervive (la de la foca que habréis visto al abrir el blog), pero la tarjeta de la cámara se me estropeó antes de poder descargarlas.
Resumiendo, Kaikoura es una ciudad consagrada al mar, donde la vida salvaje y una sensacional línea costera contrastan con un majestuoso escenario alpino. Es el sitio perfecto para el avistaje de ballenas y otras especies marinas, para pescar, montar en canoa, kayak, visitar cuevas o hacer vuelos panorámicos.
Un poco más abajo de Kaikoura hay otra ciudad,  de la que como ya os he dicho me quedé prendada, Christchurch, de aspecto totalmente británico, con arbolados parques, antiguos edificios de piedra y la catedral más visitada de todo el país. La catedral es el centro de la ciudad, fiel reflejo de la herencia anglicana de la ciudad.
Christchurch se puede recorrer facilmente a pie, pero para los que prefieren algún tipo de transporte, hay un bonito tranvía que te lleva a todos los puntos de la ciudad, más aún, si uno quiere recorrerlo por agua, puede hacerlo en góndola.
Mas al sur, llegamos a otra ciudad, Dunedin, en la peninsula de Otago, alberga la mayor universidad de Nueva Zelanda, y es por ende, una ciudad jóven, divertida y con mucha vida nocturna, en la que no falta ni la cerveza ni los equipos de rugby, el deporte estrella de Nueva Zelanda. Es tambien conocida como la Edimburgo del sur y es que colonizada por los escoceses, el trazado de la ciudad imita al de Edimburgo y muchas de sus calles fueron bautizadas con los mismos nombres que las de la ciudad de Edimburgo.
La península de Otago y algunas otras localizaciones,  ni que decir tiene, rezuman belleza, por algo Peter Jackson escogió su tierra natal para rodar la trilogia que ha hecho a Nueva Zelanda famosa en el mundo entero, y es que quién no sabe quienes son Frodo, Gandalf, Aragorn, Légolas o Gollum.  
Cuando termino de escribir estas últimas líneas, ya he llegado a Te Anau, en el Parque Nacional de Fiorland, el más espectacular del país, y desde aquí subiré de vuelta a Auckland por la costa Oeste. Os lo iré contando por el camino.

viernes, 2 de abril de 2010

Santiago de Chile

De nuevo, en lugar de en un hostal, esta vez me alojo en casa de Jocelyn, una amiga chilena a la que conocí en la India (los que leísteis mi viaje a La India sabréis de quien hablo), algo retirada del centro, pero el transporte es fácil, el metro te lleva prácticamente a todos los rincones de la ciudad.
En lugar de una oficina, carritos de información turística corretean por la plaza de armas, dando puntual información a quien la pida, sobre lo que se desee visitar. Un largo paseo por el centro me lleva hasta el Museo Nacional de Bellas Artes, seguido del parque forestal, en el que al final te encuentras con un puente a mano izquierda, para cruzar el rio Mapocho y entrar en el barrio cultural y bohemio de Santiago, el de Bellavista, donde se puede comprar artesanía típica, o joyas de lapislázuli. Lleno de bonitos cafés, restaurantes, donde transcurre gran parte de la vida nocturna de esta ciudad, donde los santiaguinos "carretean" y donde se encuentran algunas de las facultades de la universidad, como la de Derecho, en la que pregunté a siete, sí, siete estudiantes por La Chascona, la casa/museo de Pablo Neruda, en la que vivió con su amada Matilde y donde escribió sus poemas de amor, que está a dos cuadras, y que ninguno supo indicarme.
Algunos estudiantes te asaltan en la calle, ofreciéndote poemas que han escrito, con el fin de venderlos para pagarse la carrera. Fue uno de estos el que supo indicarme como ir a la casa de Neruda.


Una visita al bonito Cerro Santa Lucia, en pleno corazón de Santiago. Hay que registrarse antes de acceder al parque. Durante el ascenso, hay que pasar por la terraza Neptuno, la Caupolican, el Jardín Darwin, la Ermita Vicuña Mackeena donde se encuentra el sepulcro de Benjamin Vicuña, político e historiador de Chile, bajo cuyas órdenes el cerro se transformó en un parque urbano. Las parejas de adolescentes enamorados también han hecho del parque su lugar de encuentro.


Aún se ven algunos de los daños causados por el reciente terremoto, que aunque de 8,8 en la escala de Richter y de 2.5 minutos de duración, no causó demasiados desperfectos, aunque la foto de la fachada del museo de Bellas Artes que aquí os dejo diga lo contrario.


Perros policías vigilan, con sus dueños perfectamente uniformados, las calles de Santiago de Chile, limpias, ordenadas y tranquilas, oliendo a historia, en las que la gente se sienta a degustar su mote con huesillo, una bebida típica de Chile, hecha con durazno (melocotón) seco y mote (un cereal) y que es lo mejor para combatir el calor. El centro, de calles peatonales y centros comerciales, tiene bonitos edificios, parques con su césped perfectamente cortado y cuidado, donde conviven lo tradicional y lo moderno.  No falta la plaza de armas, donde se encuentran edificios como el de correos o la catedral metropolitana.


Cuando cierro el mapa, y me dejo llevar sin saber a donde voy es cuando me encuentro con rincones que no están en las guías, tiendas que estimulan el apetito, te ofrecen exquisiteces de la desconocida gastronomía chilena, como chutney de piña de la Isla de Pascua, mermelada de pétalos de rosa de Valdivia o paté de huevos de codorniz de la isla de Maipo. Ahí es nada señores!! para todos los gustos y bolsillos.
Aunque ya ha empezado el otoño,  hace calor.

Dicen que después del terremoto, las temperaturas han vuelto a subir. Todo parece estar en orden, aunque los temblores de tierra siguen siendo frecuentes. Yo he vivido tres en estos días, por suerte, de sólo unos segundos de duración. Al parecer son diarios pero la mayoría no se dejan notar por la baja intensidad, cuando los notas es que son más grandes, pero mientras la duración sea de sólo unos segundos, estamos a salvo.
El primer día en Santiago, me despertó uno a las 4.40am pero solo duró unos 3-4 segundos, poco para que te pase algo, pero suficiente para asustarte.


Pasé uno de los días entre Valparaíso y Viña del Mar, que todo el mundo recomienda visitar. No os puedo contar mucho porque solo estuve unas horas, pero son, sobre todo Viña, un lugar de veraneo, bonito, agradable, hermosas playas, pero no pude sacarle mucho jugo en tan poco tiempo. Valparaíso con sus cerros de colores y  sus ascensores que suben y bajan la ciudad, y decadentes palacetes que se reparten por la misma.  Hemos llegado al epílogo de este trimestre y este continente, los que lleváis leyendo desde el comienzo ya lo sabéis todo. Nunca me alegraré bastante de haber empezado este viaje, cada día ha sido distinto del anterior. Cuando cada día descubres cosas nuevas, gente distinta, no queda tiempo para nada más. Intentar absorber y retener todo lo que ocurre a diario es trabajo suficiente.
Desde las capoeiras, hasta el mote con huesillo, he pasado por uno de los paisajes más espectaculares del mundo, Iguazú, os he llevado a bailar tangos, a ver pingüinos en el fin del mundo, a recorrer los misteriosos caminos de la patagonia, a visitar la tierra más árida del planeta, a bañarnos en agua caliente a 5.000 metros, a navegar un lago sagrado, a escuchar el rugir del hielo y a volar con cóndores. Lo mejor de todo sin embargo, son las personas que te encuentras por el camino, las historias de vidas rotas que uno intenta recomponer viajando, de vidas locas que uno intenta vivir viajando, de gente curiosa que uno intenta saciar viajando, y es que viajar da para mucho, no sólo para ver lugares, es mucho más que desplazarse de un lugar a otro, por eso, a todos los que leéis esto, mi mejor consejo es que viajéis, no importa adónde, todos los lugares son buenos, todos tienen algo que los hace únicos e irrepetibles, pero viajad, viajad, viajad.


En unas horas sale mi avión a Nueva Zelanda, así que aquí os dejo de contar sobre Sudamérica, continente al que pienso volver, porque se han quedado muchos países sin visitar. Con ganas me quedo, sobre todo de Colombia, pero habrá que visitarla en otra ocasión.



sábado, 27 de marzo de 2010

Arequipa, la ciudad blanca

Arequipa, segunda ciudad más grande de Perú, fundada por órdenes de Francisco Pizarro en 1540, es también conocida como "la ciudad blanca", por ser la mayoría de sus edificios blancos, construidos con una piedra blanca llamada "sillar", que es un material volcánico producido por la petrificación de la lava en la superficie, y es que no en vano, Arequipa está custodiada por sus más fieles guardianes, los volcanes "Misti" que se asoma, imponente por detrás de la Plaza de Armas, y que es el más representativo de la ciudad, aunque no necesariamente el más alto, de esto se enorgullece el volcán "Chachani" de algo más de 6.000 metros, y para terminar el volcán "Pichu Pichu".
La plaza de armas, con su soberbia catedral blanca será el punto de partida de mi visita.

El centro histórico de esta bonita ciudad, está repleto de iglesias, conventos, museos y casonas, y después de varias horas de recorrido, y haciendo caso de mi guía de viajes que dice, que aunque uno esté harto de edificios coloniales, no debe dejar de visitar el Monasterio de Santa Catalina de Siena, allá que me fuí, y no le falta razón a la guía.
Después de permanecer cerrado 393 años, el Monasterio fue abierto al público en 1972. Tras sus gruesos y altos muros blancos, en realidad, se esconde una ciudadela dentro de la ciudad. Estrechas calles, las celdas de las religiosas, bonitos patios, pasadizos escondidos, a ratos laberíntico, a ratos misterioso, cocinas, grandes salas, y hasta una pinacoteca, componen este magnífico monasterio. 
La importancia de las ordenes religiosas en la evangelización del Nuevo Mundo, hizo que la institución del monacato no tardase en llegar. El Monasterio se fundó en 1579, y fue el primer centro de clausura para mujeres de la orden de Santo Domingo. Para ser aceptada como monja, se debían de cumplir varios requisitos, como ser Española, dar una dote y llevar ajuar, y por supuesto acatar las estrictas normas de la orden. A modo de ejemplo, os contaré que a las religiosas sólo se les permitía comulgar 15 veces al año, o lavarse y cortarse el pelo 7 veces al año.
Del resto de la ciudad, poco puedo contaros distinto a lo de otras ciudades de Perú. La mano de la colonización española está presente en cada rincón, crearon ciudades hermosas que a día de hoy mantienen esa belleza que el paso de los años, y los varios terremotos que han sufrido muchas de las ciudades peruanas, afortunadamente no han conseguido mermar.

Uno no puede venir hasta aquí, y no visitar el maravilloso valle del Colca, y el cañón más profundo del mundo, algo más de 4.000 metros en su punto más profundo, aunque para enfado de los peruanos la National Geographics Society sigue publicando el Cañón del Colorado como más profundo que éste (que alguien lo compruebe, yo no me he molestado en hacerlo). Sin duda, la mejor forma de visitarlo es recorriéndolo a pie, en uno de los cientos de trekkings ofertados por toda la ciudad. Para los que no tenemos ni ganas ni equipamiento, o para los que físicamente no están preparados para hacerlo a pie, también hay tours en los que te llevan y te traen bien en furgonetas o en autobuses dependiendo de la cantidad de personas que se apunten al mismo. En mi caso, sólo eramos diez, para nuestra suerte por lo que nos contó la guía, que en temporada alta la afluencia de autobuses es de 100 al día. Nosotros apenas nos encontramos con otros cinco grupos y todos pequeños.

Montones de pueblecitos se reparten por el Valle y Cañón del Colca, a cual más espectacular por el entorno, y a cual más peligroso por estar todos en una zona sísmica de gran intensidad, especialmente el pueblecito de Maca que está ubicado en una falla geológica.

En el camino, llamas, vicuñas, alpacas y paisajes espectaculares. En cada "mirador" del camino en los que paramos para hacer fotos y contemplar el paisaje en todo su esplendor, puestecitos de artesanía del valle del Colca, y niñas pequeñas con sus dóciles bebés alpacas esperando que algún turista quiera fotografiarse con ellas. Varios volcanes más, se reparten por todo el valle. Uno de los más famosos es el Ampato, conocido por ser aquí donde se encontró a la famosa "momia Juanita". Los Incas que creían que las montañas eran Dioses, que podían matar mediante erupciones volcánicas, solo podían aplacar su ira mediante sacrificios humanos, y así sacrificaron a una doncella Inca hace más de 500 años, y que hoy día es conocida como la momia Juanita. Una característica de "Juanita" es que no pasó por el proceso de momificación artificial, en el que le extren las vísceras para luego embalsamar el cuerpo a fin de preservarlo, sino que éste conserva todos sus órganos intactos debido al congelamiento glacial (momificación natural).
En uno de los miradores más famosos, la cruz del cóndor, el objetivo principal es ir a ver a los cóndores, ese ave carroñera, sedentaria y monógama que los Incas creían que eran enviados de los Dioses. Para quien no lo sepa, el cóndor, no vuela, solo planea y necesita días despejados y corrientes de aire caliente para hacerlo, así que a no ser que se den estas condiciones, es práticamente imposible verlos. Nosotros tuvimos suerte, y fue todo un espectáculo el que nos ofrecieron.
El segundo día volvimos a disfrutar de la gastronomía peruana, que no sé si os he dicho que es deliciosa. Entre sus especialidades están el cebiche (pescado crudo), o el cuy (cobaya) que yo probé y que no me pareció ninguna delicia, pero que tampoco está mal. Aunque cuando te lo ponen entero, ver a la ratita ahí en el plato con las patas abiertas, a los que no estamos acostumbrados a este tipo de delicatessen, impresiona un poco.
Dejo Arequipa, y voy de camino a Lima, adonde no tengo muchas ganas de llegar, ya que lo único que escucho sobre esta ciudad es que la superpoblación y el desempleo han generado una ciudad contaminada, frenética y peligrosa. Te alertan continuamente sobre la delincuencia en Lima, no llevar nada de valor encima en ningún momento, no bajar la guardia, tomar solo taxis oficiales, cerrar las puertas, etc. etc. En cualquier caso, como en ningún momento Lima ha estado entre mis prioridades como lugar para visitar, decido quedarme unos días en el oasis de Huacachina, a recargar la bateria (aunque todo sea dicho, aún no se me ha gastado) para el próximo trimestre.

lunes, 22 de marzo de 2010

Cuzco, el ombligo del mundo - The navel of the world

Aún a sabiendas de las pocas posiblidades de subir a Machu Pichu, al contrario que muchos otros viajeros, decido ir a Cuzco o Cusco (ambas acepciones igualmente válidas según la RAE) declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983. Capital del Imperio Inca, Cusco en quechua significa "ombligo".
Como siempre, lo primero, buscar alojamiento y liberarme del peso del equipaje para poder moverme con facilidad, especialmente en ciudades con tanta altitud.
El hostal está muy cerca de la maravilosa plaza de armas, testigo de hechos históricos que cambiaron el destino de esta ciudad, como por ejemplo la proclamación de Francisco Pizarro de la conquista del Cuzco. Caminando hacia la Plaza, no podía sospechar que en unos segundos más, nada más avistar la plaza desde la esquina, caería rendida ante la maravillosa catedral, templo del triunfo, templo de la sagrada familia, templo de la compañía de Jesús, del paraninfo universitario "San Antonio Abad de Cusco" (tercera universidad más antigua de Sudamérica), casa de la santa inquisición, galerías de arte, restaurantes que conservan las fachadas y entorno de estilo puramente colonial de toda la plaza, fachada del museo inca un poco más arriba y vistas del cerro de San Cristobal. No termina aquí la cosa, todo el centro histórico de la ciudad, de calles empedradas y estrechas, llenas de tiendas de artesanía, tejidos, agencias, museos como el de arte contemporáneo, el regional histórico, el de arte popular, el del Qoricancha, el centro Qosqo de arte nativo en el que ofrecen bonitos espectáculos de música y danza folclóricas, hacen que no te aburras ni un minuto. Uno de los barrios más pintorescos, el de San Blás, donde se concentran los talleres y tiendas de artesanía, también de empedradas, empinadas y estrechas calles, que dan vida a este barrio repleto de antiguas casonas de la epoca colonial, construidas al parecer sobre cimientos incaicos.
Este imperio que prosperó en medio de grandes conflictos y movimientos anticoloniales que tuvieron su origen en el libro "Los comentarios reales de los Incas" de Garcilaso de la Vega, hijo de una princesa Inca  que nació en el Cuzco en abril de 1539, y murió en Córdoba (la nuestra) 77 años más tarde, en otro mes de abril, duró poco. A pesar de su corta duración, hay mucho que contar del mismo, que como todos los imperios se levantó, creció y cayó, esta vez en manos de los españoles que para desdicha de los peruanos, sólo eramos un puñado pero conseguimos arrebatarles el poder, y si no que se lo digan a Atahualpa, soberano Inca por aquel entonces, y que fue ejecutado por los españoles según cuenta la historia. No os preocupéis que, aunque entre los conocimientos de algunos guías en mis recorridos, (porque otros no sé muy bien que hacen ejerciendo de guías), y la curiosidad que me ha llevado a informarme de todo, no pienso atiborraros de información.
Sí, os voy a contar que he ido a visitar las ruinas incaicas de Saqsaywaman, Puka Pukara, Tambomachay y las laberínticas ruinas de Q'enco, que eran un santuario religioso para ceremonias de culto a la fertilidad. Unas en mejores estado que otras, y sobre las que se tienen más o menos datos, pero todas merecen una visita.
El día siguiente, también dedicado a visitar ruinas, esta vez un poco más alejadas de la Ciudad, en el espectacular Valle Sagrado de los Incas. Los pueblos de Pisaq y Ollantaytambo, pueblo incas que a día de hoy mantienen la planificación urbana Inca.
Dejamos la historia a un lado, y volvemos al día a día de la vida en Cuzco. Es una de las ciudades más visitadas de Perú, sobre todo por ser el punto de acceso al tren que lleva a Machu Pichu. Como consecuencia del cierre del mismo, la escasez de turistas es notable, y eso hace que la avalancha de cuzqueños, niños, jóvenes y ancianos que de una forma u otra viven del turismo, ofreciéndote todo tipo de productos, además de mujeres y niños con llamas ofreciendo hacerte una foto con ellos a cambio de unos soles, sea casi insoportable. Pero algún precio tenía que pagar por tener ante mi tanta maravilla casi en exclusiva, sin tener que compartir el espacio con los miles de turistas, que erróneamente, han decidido prescindir de visitar esta ciudad. Creedme, esta ciudad es mucho más que Machu Pichu, lugar que sin duda, espero poder visitar algín día.
Chicos y chicas, jóvenes y adultos de nuevo Cuzco en negrita y subrayado.
La ciudad de Cuzco, no contenta con ofrecerme sus más preciadas joyas, unas horas antes de marcharme me regala (por primera vez en su historia) la ceremonia de la llegada de Don Bosco (santo de los jóvenes) a la ciudad.
La Plaza de Armas se engalana para recibirlo. Hordas de Peruanos, en su mayoría Cuzqueños se preparan para recibirlo en una ceremonia que durará varias horas y que estará llena de parafernalia, color y música. Engalanados en los distintos ropajes Incas, de acuerdo a las distintas jerarquías, junto con los estudiantes uniformados de los distintos colegios, en el que por supuesto no faltan los salesianos. Los alumnos del colegio de María Auxiliadora, con sus uniformes grises agitando excitados sus bufandas para dar la bienvenida al santo patrón, que hace su entrada triunfal en la plaza de Armas transportado en su trono. Tras pronunciar un breve discurso en quechua, que como bien comprenderéis, soy incapaz de reproduciros, los cientos de personas allí congregados, curiosos, devotos, organizadores y sobre todos los que formaban parte del ceremonial estallan en aplausos y vítores.
Casi terminada la ceremonia, que yo terminé viendo desde uno de los balcones de los maravillosos cafés de la Plaza de Armas, me apresuré a volver al hostel a recoger mi equipaje para marcharme a la terminal de autobuses. A medida que atravesaba la plaza, orgullosos padres y madres, todos vestidos de Domingo, se hacían fotos con sus hijos aún con los trajes perfectamente confeccionados para tamaño ceremonial.


The navel of the world.
Although I knew it was highly unlikely that I could go to Machu Pichu, unlike many other travellers, I decided to go to Cuzco or Cusco. Declared World Heritage Site by Unesco in 1983. Capital of the Inca empire, Cusco in quechua means "navel".
As always, finding a place to stay and getting rid of the luggage to move freely was the first thing to do, especially in cities located at such high altitude.

The hostel is very close to the magnificent plaza de armas, witness of historic facts that changed the fate of this city, such as Francisco Pizarro's proclamation of the conquest of Cuzco. Walking towards the plaza, I couldn't imagine, that in just a few seconds, as soon as I caught sight of the plaza from the corner, I'd succumb before the splendid cathedral, temple of triumph, temple of the holy family, temple of the compañía de Jesús, university "San Antonio Abad de Cusco" (third oldest Uni in Southamerica), casa de la santa inquisición, art galeries, restaurants that have kept the colonial facades and environment of the plaza, facade of the Inca museum up the road, and views of San Cristobal's hill. Not only that, the city's historic centre, with cobbled and narrow streets, full of handcraft, textile shops, travel agencies, museums like the modern art, regional histórico, popular art, Qoricancha, Qosqo centre of native art in which one can see nice shows of music and folklore dance, make sure that you do not get bored for a single second. One of the most picturesque neighborhoods, San Blas' where all the handcraft workshop and shops concentrate, also made of cobbled, steep and narrow streets that bring this neighborhood to life, is packed with old big colonial houses, apparently built on incaic foundations. 
This empire that succeded in the middle of great conflicts and anticolonial movements some of them created by the book "Los comentarios reales de los Incas" by Garcilaso de la Vega, son of an Inca princess, who was born in Cuzco in April 1539, and died in Córdoba (Spain) 77 years later, another month of April, didn't last long. Despite its short duration, there is a lot to say about it. Like all empires was created, grown and fallen, this time in the hands of the Spaniards, that to the Peruvians' regret, were only a handful but managed to take the power away from them. Atahualpa, Inca sovereign at the time and according to history, executed by the Spaniards can confirm this. Do not worry, although thank to the knowledge of some of the guides in the tours (some others I wonder how they work as touristic guides) and the curiosity that has helped me to learn a lot of things, I will not burden you with too much information.
However, I will tell you that I've visited the incaic ruins of Saqsaywaman, Puka Pukara, Tambomachay and the "labyrinthic" ruins of Q'enco, which was a religious santuary to carry out fertility ceremonies. Some in better conditions than others, but they are all worth a visit. 
The following day, I visited some other ruins, this time a bit far from the city, in the spectacular Sacred Valley of the Incas. Pisaq and Ollantaytambo, inca villages that still preserve the inca's urban layout. 
Let's put history aside for a while, and get back to Cuzco's daily life. It's one of the most visited towns in Peru, as the train to Machu Pichu leaves from here. Due to its closure, the lack of tourists is noticeable, and this makes unbereable the avalanche of cuzqueños, kids, youngsters and the elderly that in some way live off tourism, offering all kind of products, as well as women and kids asking you to take a picture with them. But that's the price to pay in exchange for having such beauty, nearly exclusively for myself, without having to share the space with thousand of tourists, that have wrongly decided not to visit this town. Believe me, this town is a lot more than Machu Pichu, place that I hope to visit one day. 
Boys and girls, once more, Cuzco in bold and underlined. 
The town of Cuzco, not only shared with me its most precious jewels, just before I left, it also it gifted me (for the first time in its history) with the arrival of Don Bosco (saint of the youngsters) to town.
The Plaza de Armas was decorated to receive him. Hordes of peruvians, mostly Cuzqueños get ready to receive him, in a ceremony that lasted several hours, and which was full of paraphernalia, color and music. Dressed up with the different Inca clothing, according to the different hierarchies, together with students from the different schools, including of course the Salesianos. Students of María Auxiliadora school, wearing their grey uniforms and waving their scarves to welcome the Saint Patron, that makes a triumphant entry in the square carried in its throne. After a brief speech, which of course I'm incapable of reproducing, the hundreds of people there, onlookers, devouts, organizers and above all those forming part of the ceremony bursted with joy.
When the ceremony, that I ended up watching from the balcony of one of the great cafes in the Plaza, was nearly over, I hurried to the hotel to pick up my backpack and go to the bus terminal. As I walked across the Plaza, proud parents, all wearing their best dresses and suits, had pictures taken with their children who were still wearing perfectly taylor made clothing for such a ceremony. 

jueves, 18 de marzo de 2010

El Lago Sagrado - The sacred lake

A tan solo 3 horas de La Paz, y a algunos metros más arriba, está la pequeña localidad de Copacabana. Ya bastantes km antes de llegar, el paisaje, nos regala una muestra de la maravilla que nos aguarda más adelante.
Estamos en la orilla sur del lago Titicaca, un gigantesco espejo de aguas azules, venerado por los Incas, y alma de los pueblos aymaras que se asientan a lo largo de su orilla.
Copacabana, en su día lugar de peregrinación religiosa, hoy está llena de restaurantes, agencias y tiendas de productos bolivianos, como casi todas las localidades que viven del turismo, y tiene un ambiente relajado y tranquilo, al que el lago le aporta un toque que magnetiza a quien la visita.
Es el mejor punto de partida, para quienes quieren visitar las Islas del Sol y de la Luna.
Bonitos días de sol se convierten en frías noches que te llevan a refugiarte en uno de los muchos restaurantes, que sin excepción sirven el más típico de todos los platos, trucha criolla del lago cocinada de cualquier forma posible. Navegando hacia la legendaria Isla del Sol, donde según la mitología Inca nació el sol, conozco a Sarah, una encantadora chica inglesa con la que paso el día en la Isla. Llegamos a la parte sur de la isla, casi nos morimos cuando vimos la escalera de acceso a la isla, especialmente Sarah que no dejó la mochila en Copacabana. Una vez solucionado el tema del alojamiento, empezamos una caminata de casi 4 horas a la parte norte de la Isla. Un camino sin señalizar, de piedras, grandes cuestas, que unido a mi sentido de la orientación, y al de Sarah que es del pelo, hicieron que nos perdiesemos varias veces a lo largo de la mañana. Derrotadas llegamos a la zona norte, donde para nuestra sorpresa, los barcos a la zona sur ya habían partido y la única forma de volver era caminando, o alquilando un bote privado por el que por supuesto nos pedían un ojo de la cara!! como no todo podía salirnos mal, de repente una pareja de españoles, gallegos para más señas, que tenían un bote privado durante dos días, de acuerdo con el capitán de su bote, y a cambio (este último) de 15 Bolivianos cada una, accedieron a llevarnos a la parte sur. La mayor parte de la isla está poblada por indígenas de origen quehcua y aymara, y se dedican a la artesanía y a cuidar ganado, llamas, ovejas y vacas.
Por algún motivo, las dos que soportamos maravillosamente bien la altura, aquí en la isla (4000 msnm) nos afectaba más que en ningún otro sitio, por suerte solo en que teníamos que parar constantemente para recobrar el aliento. Dimos otra vuelta por la parte sur, una cerveza mientras contemplabamos otra bonita puesta de sol, y a cenar.
Después de una larga noche, en la que el agua de la tormenta que cayó entraba por el agujero que había en el techo de nuestra habitación, a la mañana siguiente volvimos a Copacabana, para casi inmediatamente Sarah tomar un bus hacia La Paz y yo a Puno en Perú.
Puno, no tiene gran cosa, pero es el mejor punto para visitar las Islas Flotantes de los Uros, en la parte peruana del Lago Titicaca.
Las islas flotantes son un espectáculo único, que por desgracia el invasor blanco, de nuevo, ha hecho que se vuelvan excesivamente comerciales. Las otrora, islas en las que vivían de la pesca y canje de productos en el mercado de Puno, ahora tienen sus puestos de artesanía, mini supermercado con precios un tanto caros para Perú, claro que en este mercado solo compramos los turistas y unas cabañas con una cama cada una que hacen las veces de "hostal", y en las que pasé la noche. Aún con todo, la construcción de las islas a base de totora que abunda en las islas es una maravilla, el emplazamiento único e irrepetible, y los indios uros muy amables. Al parecer el origen de las islas, 55 en total, son el resultado del deseo de los Uros de aislarse de los Collans e Incas. Hoy día las islas tienen unos 2000 habitantes, hay de 3 a 5 familias por isla y su lengua nativa es el Aymara. Tienen una escuela de primaria en una de ellas, y por la mañana temprano ves a los niños desplazándose en sus barcas para asistir al colegio con tanta facilidad como los europeitos manejan sus bicicletas. También tienen una especie de centro de salud en una de las islas, que permanece vacío la mayor parte del tiempo, ya que en caso de enfermedad, ellos recurren primero a los chamanes.
La noche que pasé en las Islas fui con Luis, un nativo de las islas, a poner una red de pesca que tendríamos que recoger al día siguiente sobre las 6 de la mañana. En el trayecto, con un frío helador pero con la tranquilidad del lago por la noche, en la que solo te cruzabas con alguna que otra canoa de totora, me contó que hace años los Uros eran bastante salvajes y no permitían la visita de turistas. Todo eso cambió con el paso de los años, y supongo que vieron en los turistas una fuente de ingreso más fácil y rentable de ganarse la vida.
En cualquier caso, comerciales o no, las islas flotantes hay que ponerlas en negrita en los lugares pendientes de visitar.

Próxima parada: Cuzco o Cusco según los locales.

The Sacred Lake


Just 3 hours away from La Paz, and a few metres higher is the small town of Copacabana. Many km before getting there, the landscape shows a small sample of the beauty that lies ahead.
We are in the south shore of the Titicaca lake, a gigantic mirror of blue waters, worshipped by the Incas, and soul of the aymara villages settled along the lake's shore.
Copacabana, years ago, a place of religious pilgrimage, today is packed with restaurants, travel agencies, and shops selling local products, like in most places that live off tourism, and has a relaxed and quiet atmosphere, to which the lake adds a magnetic touch.
It's the best starting point to visit the Isla del Sol and Isla de la Luna (Islands of the sun and the moon)
Lovely sunny days become cold nights that make you look for shelter in one of the many restaurants, that without exception sell the most typical of all dishes, trout from the lake cooked in every possible manner. Sailing towards the legendary Isla del Sol, birthplace of the sun according to the Inca mythology, I met Sarah, a very nice English girl with whom I spent they day in the island. We went to the southern part of the island, and were shocked when we saw the staircase to access the island, especially Sarah who didn't leave her backpack in Copacabana. Once we found a hostel to spend the night, we went on a 4 hours walk to the northern part of the island. The stony and steep way to the north part with not signposts whatsoever, together with our lack of sense of direction, made us get lost several times along the way. Knackered, we reached the northern part, where to our surprise, boats to the south part of the island were already gone, so the only way to get back was either walking or hiring a private boat, for which they wanted way too much money. But, not everything could go wrong, and so we met a Spanish couple, from Galicia to be more precise, that had a private boat, and they kindly, together with the captain of the boat for 15 bolivianos each, took us to the south part of the island. Inhabitants of the island are mainly indigenous of either quechua and aymara origin, and they basically live off handcraft and llamas, sheeps and cows.
Sarah and I tolerate altitude quite well, but for some reason, we find it harder to get used to it here, luckily enough the only symptom we have, is that we need to stop constantly to get our breath back. We walked around the south part of the island, had a beer while watching another beautiful sunset, and went to have some dinner.
After a long night, in which the water of the storm leaked in our rooms through a whole in the roof, the following morning we went back to Copacabana, then almost immediately, Sarah took a bus to La Paz and I headed to Puno in Perú.
Puno, has nothing to see really, but it's the best starting point to visit the Uros Floating Islands, in the Peruvian part of the Titicaca lake.
The floating islands are an unique sight, which unfortunately, the white invasor again, have made them become extremely commercialized. At one time the islands that lived off fishing and exchange of products in the Puno market, they now have a small overpriced supermarket, of course only tourists buy here, and huts that serve as a "hostel", and in which I spent the night. However, the totora-made islands are astonishing, the location unique and unrepeatable, and the Uros very kind. Apparently the origin of the 55 islands, has to do with the decision of the Uros of isolating themselves from the Collans and Incas. Nowadays the islands have about 2000 inhabitants, there are 3 to 5 families per island, and their native language is Aymara. They have a primary school in one of the islands, and early in the morning, you can see kids rowing in their boats to go to school with the same ease that european kids ride their bikes. They also have a health centre that they hardly use, as in case of illness they rather visit a chaman first.
The night I spent in the islands I went with Luis, a native uro, to set a fishing net that needed it to be picked up the following morning at 6am. On the way there, with a freezing cold but the peace of the lake at night, in which every now and then, you only saw a totora boat passing by, told me that years back, the Uros were kind of wild, and did not allowed tourists visits. Over the years, all that changed and I guess they saw tourists as an easy and profitable way of income.
In any case, commercialized or not, the floating island need to be in bold in your "places to visit" list.
Next stop: Cuzco or Cusco according to locals.