domingo, 4 de julio de 2010

Por las vías del Shinkansen

Después de Kyoto, una breve visita a Nara, donde la vida gira alrededor del parque, conocido como "parque de los ciervos" por estar los mismos siempre pululando por allí, a la espera de que los turistas compren las "galletas para ciervos" - que te venden en todos los rincones del parque - con el fin de que se acerquen a ti mientras que tu compañero, en mi caso, un extraño, te haga la foto de rigor.

De entre todos los templos y pagodas repartidos por el parque, el más visitado, quizá sea el templo Todaiji, célebre por ser la construcción de madera más grande del mundo.











A tan sólo minutos de tren de Nara, se encuentra Osaka, la tercera ciudad más grande de Japon, una próspera ciudad, un gran centro industrial y comercial. Animadas calles atestadas de neones, tiendas y restaurantes dan vida a esta ciudad, que como casi todas las ciudades japonesas parecen tener más vida de noche que de día. Allí conocí a David, amigo y companero de mi gran amiga Paca, con el que, a pesar de que casi no paró de llover en todo el tiempo, recorrí parte de la ciudad.


La primera noche fuimos a cenar uno de los platos tipicos de Osaka, "Okonomiyaki" que es una especie de pancake de estilo japonés, relleno de verdura y pescado o marisco, y que nos supieron a gloria. La segunda noche apostamos por un restaurante tradicional, en el que le dimos un repaso a la tempura, sushi, y a una sepia magistralmente preparada que David tuvo la brillante idea de pedir, y que casi hizo que se nos saltaran las lágrimas.

 
Desde Osaka di un buen salto en el mapa, hasta la región de Chugoku, donde se encuentra Hiroshima, reconstruida sobre las cenizas que dejó la bomba atómica aquel 6 de agosto de 1949, continúa en su imparable tarea de recordar al mundo el horror que suponen las armas nucleares, y la necesidad de que cueste lo que cueste, deberían desaparecer para siempre.

Uno de los monumentos más importantes es "The A-bomb dome" (la cúpula de la bomba atómica) que pudo permanecer de pie después del terrible estallido, gracias a que explotó 600m antes de alcanzar el suelo, y a que lo hizo además a 160m al sureste del edificio, aunque todos los que se hallaban dentro murieron al instante. Después de la guerra, el esqueleto del hall pasó a ser conocido como "The A-bomb dome". Después de años de deliberación entre demolir los restos del edificio, ya que evocaba terribles y dolorosos recuerdos, o mantenerla en memoria al bombardeo, en 1966 el ayuntamiento de Hiroshima emitió una resolución que estipulaba que la cúpula sería preservada a perpetuidad. A partir de aquí, y gracias a las donaciones de japoneses y extranjeros, el primer proyecto de conservación fue implementado en 1967.

 
En diciembre de 1996, la cúpula fue registrada en la lista de Patrimonio de la Humanidad como testigo histórico de la tragedia de la primera bomba atómica en la historia de la humanidad, y como monumento universal a la paz, apelando a la abolición de armas nucleares, y a la consecución de la paz mundial.

 
Dentro del "Parque memorial de la paz" hay tambien un cenotafio que recuerda a las víctimas, al lado del cual arde "La llama de la Paz" que seguirá encendida hasta que desaparezcan las armas nucleares".

 
Hay otras construcciones por la paz mundial, como la catedral que se construyó con ayuda de la iglesia católica y de la que cuentan, que los ladrillos con los que se construyó, contienen cenizas del bombardeo, y tiene tantos como víctimas cayeron en la explosión.

 
El castillo de Hiroshima también destruido en la explosión, fue restaurado en 1958 para conmemorar el 400 aniversario de su construcción.

Hiroshima tiene además una gran zona comercial, como el resto de ciudades japonesas, cafés a lo largo de la ribera del rio Kyobashi, y otros templos, santuarios y museos.


A tan solo 10 minutos en ferry de Hiroshima, se encuentra la isla de Miyajima, de hecho desde el puerto de Hiroshima, se divisa el símbolo de esta isla, la puerta de Otorii. Allí se yergue el magnífico santuario "Itsukushima", construído hace unos 1.400 años, y que se ha ganado su lugar en la lista de patrimonio cultural de la humanidad. La pequeña isla esta además repleta de lugares para visitar, una pagoda de cinco niveles que alcanza 27 m de altura, el templo Daishoin, el parque Momijidani, y un montón de cosas más con las que no os pienso aburrir.



Otro gran salto y nuevo destino: Kanazawa, donde encontré un ryokan más barato que de costumbre, (tienden a ser más caros que los hostales) por aquello de no irme de Japón sin alojarme en un hotel tradicional. En realidad muchos de los hostales ofrecen las mismas habitaciones que un ryokan, grandes estancias sin tabiques, con el suelo recubierto del tradicional "tatami" de paja de arroz, un futón en el suelo por cama, y las tradicionales puertas correderas de papel de arroz o "shoji". Te agasajan con el típico té japones, te hacen vestir un "yukata" un kimono de algodón informal, y te hacen todo tipo de reverencias, y al igual que en muchos hosteles hay que caminar descalzo. Para quienes lo quieran, tienen zapatillas de uso común. Para mi sorpresa, este ryokan resultó tener su propio baño, que era otra de las cosas que no pensaba dejar de hacer en Japón, así que maté dos pajaros de un tiro.


Al final, volví a Tokyo un día antes de lo planeado, y el hotel en el que tenía reserva para los dos últimos días resultó estar lleno, así que decidí hacer algo que, que yo sepa, sólo se puede hacer en Japón, alojarme en un hotel cápsula, y allí, metida en mi nicho, en el que hay hasta television, pasé una plácida noche.


A tan solo un par de dias de partir hacia China, doy un último paseo por esas calles con dibujos en el suelo que te recuerdan que no se puede fumar en la calle, y me despido de Tokyo. Aquí queda Japón, en este blog de viaje, como un país a visitar altamente recomendado, con un transporte de primera, con mucha historia y tradiciones que aprender y descubrir, hermosas construcciones, sublimes jardines, ciudades ultramodernas y una comida deliciosa, por no hablar de la hospitalidad nipona; un país en el que viajar seguro, en el que si uno se olvida la cartera o un paraguas, no tienta a nadie, y las posibilidades de que cuando vuelvas a por ello, siga en el mismo sitio en que lo dejaste, son casi del 100%. El país que me espera ahora, estoy segura de que va a ser igualmente interesante, pero quizá no tan limpio ni hospitalario. Ya os lo contaré.

No hay comentarios: