Beijing o Pekin, un enjambre humano de 17 millones de personas, escupiendo, empujando y gritando, y con una polución que hizo al COI plantearse incluso cancelar los Juegos Olímpicos si se constataba que la contaminación de la capital podía ser perjudicial para la salud de los atletas durante la competición.
Aunque creo que los Juegos Olímpicos, marcaron un antes y un después en Beijing, no me quiero imaginar como sería el antes. Mejoraron gran parte de las infraestructuras de la ciudad, pero la barrera lingüística sigue siendo muy grande, su escritura de caracteres (más de 30.000) ininteligible, y aunque muchos de los nombres de lugares están en inglés, su falta de consideración y su falta de cortesía (por decirlo finamente), hacen de Beijing, un destino difícil para el viajero independiente.
Actividades diarias y acciones tan simples como comprar un billete de tren, se convierten en todo un desafío, a veces imposible de superar sin la ayuda de un mandarín-parlante:-). Rayando en la xenofobia, es, en lugares como este, cuando te das cuenta de que en realidad, un choque cultural es simplemente una forma de decir que las cosas a las que uno está acostumbrado son muy diferentes. La diferencia en el lenguaje, conceptos y valores, cuando uno cambia todo lo que ve, huele, hace, come, dice y escucha al mismo tiempo, el efecto puede ser abrumador, y las consecuencias frustrantes. Por otro lado, es el reto que suponen culturas como ésta, lo que hace viajar tan interesante, aunque agotador algunas veces, pero que no cunda el pánico, que no me pienso rendir.
Y ahora a enseñaros un poquito de esta ciudad:
880 metros de norte a sur, 500 metros de este a oeste, y un área total de 440.000 metros cuadrados, ¿os dicen algo estas medidas? pues son las de la Plaza de Tian'anmen (Plaza de la Puerta de la Paz Celestial), la más grande del mundo, construída con el propósito de habilitar un lugar para las declaraciones masivas de lealtad al imperio, resultó ser el punto de encuentro de protestas, cuyo evento más famoso es lamentablemente la revuelta de 1989 que terminó con la vida de cientos de personas, en su mayoría estudiantes, que sin saberlo, se metieron en la boca del lobo; y ese mismo gobierno que con razón, creían represivo y corrupto, en lugar de ceder a sus reivindicaciones, haciendo uso de la ley marcial, dio la orden de desalojo de la plaza por la fuerza, asesinando sin piedad a todos los que reclamaban una China justa.
En medio de la plaza, y con cuidado de no tapar el monumento a los héroes del pueblo, dos gigantescas pantallas proyectan imágenes de una China perfecta.
Hay otros lugares, templos sobre todo, de visita casi obligada como el Palacio de Verano, o el Templo del Cielo, terminado en 1420. Fue concebido como el punto de encuentro entre el cielo y la tierra. El intermediario entre ambos, no podía ser otro que el mismísimo emperador, o Hijo del Cielo, y el templo era donde se celebraba la ceremonia más importante de todas, cuando el emperador rezaba para obtener una buena cosecha en el solsticio de invierno.
De entre todos los lugares a visitar, hay uno que para muchos turistas, es el más importante, la Gran Muralla. Construída entre el Siglo V A.C. y el S. XVI para proteger la frontera del imperio contra los ataques de los Mongoles. La, un día, división entre civilizaciones es sencillamente impresionante;por algo es,además de Patrimonio de la Humanidad, una de las 7 maravillas del mundo moderno, junto con el Cristo Redentor, el Taj Mahal, Petra, el Coliseo de Roma, Machu Picchu, y Chichén Itzá.
El otro lado de Beijing, es un mundo imparable de negocios, apretones de mano, compras, ventas, exportaciones, y de coches de cristales tintados entrando y saliendo de los hoteles de lujo, y de los edificios de negocios y oficiales. Una noche cenando, conocí a dos vascos, de Vitoria para más señas。 Estaban en Beijing por motivos de trabajo, vendiendo "máquinas para fundiciones";en palabras de uno de ellos: "aquí se vende todo. Mientras el resto del mundo está parado, China sigue adelante a pasos agigantados"
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